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revistas electrónicas de la Universidad de Granada

Entrevista con Naim Güleryüz

Adrián Martínez Corral

amcorral@correo.ugr.es

Si, kerido lektör i kerid alektrisa oy el ŞALOM akumplio el 36en anyo i entro en el 37en anyo. Si me demandaras komo pasaron estos 36 anyos vos dire ke pasaron difikultades moralas i materialas, porke de una parte la karestia del papel i en particular la mano de ovra nos truşo a un momento de serrar el jurnal 1.

Estas son las palabras de Avram Leyon, propietario y director del periódico Şalom, con motivo del aniversario de la publicación en 1983, último año en que el que estuvo al frente de la misma. Pocos meses después cerraría el periódico para más tarde cederlo a Gözlem, editorial estambulita especializada en temas judíos. Se cerraban así casi cuatro décadas de la segunda publicación más longeva en judeoespañol y la más importante en la República de Turquía.

La prensa fue uno de los géneros que se consideraron adoptados (Díaz-Mas, 2006:194) en cuanto que no pertenecían a la tradición literaria clásica de los judíos del Imperio Otomano y que se tomaron de Europa Occidental a raíz de los intentos de renovación de las estructuras comunitarias en la segunda mitad del siglo XIX. El género periodístico vivió su etapa de esplendor en las tres décadas comprendidas entre 1908, fecha de la revolución de los Jóvenes Turcos que derogó la censura y dio alas a la prensa, y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (Hassán, 1996: 230). A partir de este momento, «no se registra más que una treintena escasa de periódicos, casi todos de corta vida y en un ya empobrecido judeoespañol que tiende, en los pocos periódicos que en Constantinopla han sobrepasado los años 50, a dejarse comer terreno en beneficio del turco» (Romero: 1992: 180).

Efectivamente, el declive en ámbitos de uso de la propia lengua en la que la gran mayoría de la prensa sefardí estaba redactada fue un factor crucial en su decadencia. Una de las razones que condujo a esta situación fue la desaparición definitiva en la nueva República de Turquía del sistema del millet, que había garantizado a las minorías del Imperio una cierta autonomía jurídica, administrativa y cultural y que había constituido un hábitat favorable para el mantenimiento de las lenguas étnicas como el judeoespañol. Los primeros años de la República, fundada en 1923 por Mustafa Kemal Atatürk, vinieron marcados por agresivas campañas asimilacionistas como la de Vatandaş Türkçe konuş 2, que trataba de extender el uso del turco entre aquellos ciudadanos pertenecientes a minorías que no lo dominaban. La campaña, iniciada en 1928 por estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Estambul y órganos cercanos al Partido Republicano del Pueblo 3, consistía en la repetición insistente de dicho eslogan en carteles, radio y prensa. También recriminaba a quienes hablaban judeoespañol en público que mantuvieran la lealtad a la lengua del país que los torturó y expulsó y que no aprendieran la de aquel que generosamente los acogió, e incluso en algunas municipalidades se impusieron multas a quienes hablaban una lengua diferente del turco fuera del ámbito privado (Benbassa-Rodrigue 2000:103; Bali, 2012:5). Hubo también casos de políticas abiertamente discriminatorias, como el varlık vergisi o “impuesto sobre el capital”, que arruinó a tantos judíos –y a ciudadanos de otras minorías, no fue una campaña estrictamente antisemita sino de carácter más bien nacionalista– durante la Segunda Guerra Mundial demandándoles una cantidad desorbitada en tasas y enviando a campos de trabajo en el Este de Anatolia a quienes no fueran capaces de satisfacerlo (Romero, 2012:6). Fue a partir del año 1946, con el establecimiento de un sistema democrático multipartidista, y de 1950, con la victoria de los islamistas moderados del Partido Democrático, cuando se produjo un cierto relajamiento de las políticas asimilacionistas y se creó una atmósfera favorable para el nacimiento de nuevos periódicos. En palabras del historiador Rifat Bali (2012:14):

The decade long period of Democrat Party rule, which began with their landslide election victory on May 14, 1950, was one of democratization, economic and social liberalization, and the wish to draw closer to and become a full part of the West. In this new period, with occasional exceptions, minorities would not be subjected by either the nation’s press or the regime itself to questions regarding their level of Turkishness.

Es en esta época, el 29 de octubre de 1947, cuando el primer número de Şalom ve la luz.

Durante el tiempo en que se publicó el viejo Şalom, cada semana fue fiel testigo de la evolución de la comunidad en estas décadas y de los eventos destacados que tuvieron lugar en este periodo. Sus páginas cubrieron el nacimiento del Estado de Israel, los golpes de Estado en Turquía del 60, 71 y 80, la invasión turca del norte de Chipre o la guerra civil larvada que se cobró unas 5000 víctimas entre 1976 y 1980 (Zürcher, 1994:263).

Şalom no sólo cubrió los hechos que afectaron al país, sino que también fue reflejo, directo e indirecto, de la propia evolución de la comunidad judía de la República de Turquía. Se aprecia en los temas que trata, en los anuncios que publica y también en la lengua en que se redacta. En el primer número que se conserva en su archivo, del 6 de noviembre de 1947 y correspondiente a su segunda semana de vida, puesto que el primer ejemplar no se halla en los archivos, el judeoespañol ocupa la totalidad del número y sólo se escribe en turco una breve nota con información sobre su propietario y dirección. Se dirige obviamente a una población que todavía mantiene la lengua que sus antepasados trajeron de España hacía siglos. Sin embargo, a lo largo de aquellos años, las sucesivas campañas de asimilación que ponían presión en las minorías afeándoles el uso público de su lengua étnica, el goteo migratorio a Israel entre las capas sociales más humildes y más proclives al uso del judezmo, o la educación reglada impartida íntegramente en turco, redujeron el empleo del judeoespañol al hogar y, a partir de la década de los sesenta, ni siquiera pervivió en ese ámbito (Seloni-Sarfati, 2013:20). No obstante, sería desacertado concluir que la comunidad sefardí de Turquía lamentó la paulatina desaparición del judeoespañol. De hecho, muchos entre las familias más pudientes ya habían adoptado el francés como lengua de la casa, mientras que entre todas las capas sociales existía la creencia de que el abandono del jargon judeoespañol en favor de la lengua nacional facilitaría la integración y con ello las opciones de ascenso social. El enfervorecido clima nacionalista que sucedió a la fundación de la República y que pervivió a lo largo del siglo XX, contribuyó a acelerar el proceso. Este cambio se refleja en las páginas del antiguo Şalom, donde la lengua turca va ganando peso hasta ocupar prácticamente la mitad del último número de 1983 y, muy significativamente, la totalidad de las secciones dedicadas a la juventud como Gençlerin Koşesi, “el rincón de los jóvenes”. A principios de los 80, cuando Avram Leyon se encontraba ya viejo y enfermo y experimentaba enormes dificultades económicas para publicar el periódico cada semana, éste perdía paulatinamente a sus lectores. En parte lo hacía porque un sector importante de su público potencial no entendía ya la lengua en la que se redactaba, en parte porque la propia comunidad había disminuido enormemente en número. En efecto, sólo durante los años en que el viejo Şalom se publicó (1947-1983), el tamaño de la comunidad judía en Turquía se redujo de unos 80.000 integrantes a mitad de siglo, según el censo de la República de Turquía de 1945, recogido por Shaw (1991:285), hasta los cerca de 23.000 en el año 1979 (Díaz-Mas, 2006:259).

La pérdida de lectores, las dificultades económicas, los problemas de salud y el propio cansancio de haber mantenido viva durante 37 años una publicación como Şalom, llevaron a Leyon, el 19 de enero de 1984, a ceder el nombre y los derechos de publicación a la editorial Gözlem (Güleryüz, 2015:102). Durante unos meses se suspendió su publicación y en septiembre de ese mismo año volvió a aparecer, ya casi en su totalidad en turco y con apenas poco más de una página en judeoespañol. A día de hoy continúa publicándose cada miércoles, puntual a su cita con los lectores, y aumentado desde las modestas cuatro páginas iniciales a las actuales veinte.

Sobre el viejo y el nuevo Şalom, sobre sus lectores, sobre Leyon y sobre la propia comunidad hablamos en una mañana primaveral de Estambul con Naim Güleryüz (Estambul, 1933), miembro destacado de la comunidad judía estambulita, coordinador de la Fundación Quingentésimo Año, que conmemoró en 1992 el quinto centenario de la llegada de los judíos sefardíes al Imperio Otomano, y primer director del nuevo Şalom.

Se reproduce a continuación la conversación con el Señor Güleryüz, con la esperanza de que aporte una visión sobre la prensa judeo-turca presente y pasada y sobre la propia evolución de la comunidad en las últimas décadas. La entrevista tuvo lugar en los jardines de Moda, en la orilla asiática de Estambul, el 23 de junio de 2016. Se desarrolló principalmente en inglés, con algún inciso en español, y se ha traducido para su publicación.

* * *

P. ¿Por qué decidió aventurarse en una empresa como Şalom?

R. En la década de los 70, y especialmente a principios de los 80, el número de hablantes de judeoespañol decrecía continuamente y con ello el número de lectores porque la gente no sabía judeoespañol suficiente para leer un periódico. Por eso decidí que, si había de haber una carta para la comunidad, debería ser el Şalom en turco. A finales de 1983, Avram Leyon estaba muy enfermo y para que el periódico continuara yo pensé que había que reformarlo. Hubo alguna controversia, la gente estaba en contra, a favor, dónde encontrar el dinero, etc. Y como siempre cuando propones algo, te ves con la responsabilidad sobre los hombros. Se decidió crear una compañía editorial [Gözlem] y que este formato fuera puesto en marcha por un grupo de jóvenes, chicos y chicas, que editarían el periódico y yo tendría la supervisión y la edición final. Se redactaría en turco, pero con una condición: una página, al menos una, debía ser redactada en judeoespañol. Primero porque es un recuerdo de nuestro pasado, y segundo porque es una forma de no olvidarlo y conectar pasado y presente. También para comunicar con otra gente que no sabía turco. Y así empezó, el 26 de septiembre de 1984 fue el primer día y durante cuatro años cumplí mi misión en Şalom antes de que Silvyo Ovadya pasara a ser el administrador y editor jefe del periódico. Después de Silvyo vino Yakup Barokas, y después Ivo Molinas.

P. Es muy interesante ese aspecto que ha destacado sobre la posibilidad de comunicarse globalmente con la lengua comunitaria porque en alguna pieza del propio Şalom se menciona esta idea de judeoespañol como puente hacia 300 millones de hispanohablantes 4.

R. Exactamente. Y hoy existe todavía esa página en judeoespañol en Şalom. Además, desde hace 12 años, se publica El Amaneser, un suplemento mensual de 24 páginas íntegramente en judeoespañol y editado por Karen Gerson Sarhon 5. Al menos mantenemos el testigo.

P. ¿Y hay generaciones más jóvenes que serán capaces de mantener viva la lengua en el futuro?

R. No lo creo. Porque la gente joven no muestra interés, no sólo en lo que respecta al judeoespañol, sino acerca de las humanidades, la historia; tienen interés en economía, en la electrónica… Pero quizás, sólo quizás, habrá algunas personas que continúen. Quizás ahora con la nueva ley de nacionalidad y para aquellos que tienen que aprender español para pasar el examen. Pero incluso en ese caso será español, no judeoespañol. Son lo mismo, pero no son lo mismo.

P. ¿Por qué decidió Avram Leyon publicar su periódico en judeoespañol? Era una lengua que ya en su época era hablada por menos gente que el turco. ¿Respondía quizás a un empeño romántico?

R. En los 40 la gente de 50 años o más hablaba entre ellos –en casa, en los negocios…– en francés o en judeoespañol. Por tanto, el judeoespañol era una lengua muy práctica y de comunicación diaria. En Şalom, en el 47, había sólo alguna esquina en turco. Pero en los 80 era otra generación y ya no se hablaba judeoespañol, así que hubo que cambiarlo.

En el 47 parecía lógico empezar un periódico en judeoespañol, pero hoy en día ya no se habla. En mi casa, mis hijos, que viven en Londres, hablan inglés y los que viven en Estambul hablan turco. Nosotros hablamos turco en casa, muy rara vez en judeoespañol, porque nosotros nunca aprendimos judeoespañol, aunque yo pude dar conferencias y escribir artículos en judeoespañol sólo aprendiendo “de la boca a la oreja” [en español].

P. Desde su punto de vista como conocedor de la prensa turco-judía, ¿diría que Şalom es el medio más importante en la segunda mitad del siglo XX?

R. Sí, sí. Fue también el más longevo. Avram Leyon era un idealista, en ocasiones incluso vendió maquinaria de su imprenta 6 para sostener el periódico. Mucha otra gente empezó, pero lo fue dejando por las dificultades económicas.

P. ¿Entonces cuándo empezó a escribir en Şalom?

R. Mi primer artículo data de septiembre de 1952, en turco, en La Boz, un periódico semanal editado por Moşe Levi Belman. Empecé a escribir en Şalom, en turco, en agosto de 1953. Yo estaba en la universidad en esa época.

Mucha de la gente que hablaba judeoespañol, en el 47, emigró a Israel. Las clases medias se fueron para buscar nuevas oportunidades económicas. Los que quedaron hablaban francés en casa o turco. En mi casa hablábamos francés y mi madre aprendió turco conmigo porque yo lo hablaba y lo escribía. En la secundaria fui a una escuela francesa, Saint Michel. Pero en el periodo de postguerra, con la emigración a Israel en los 50 y el periodo de democracia aquí, empezaba una nueva era [para la comunidad judía de Turquía] y los periódicos empezaron a cambiar también.

P. Leyon era de clase trabajadora, abandonó la escuela muy temprano para empezar a trabajar como aprendiz en diversos periódicos.

R. Sí, sí. Tenía “el olor de la tinta en las manos”.

P. Muchos periódicos tenían problemas económicos. Leyon se queja en repetidas ocasiones de las dificultades para sacar Şalom adelante. ¿Cómo se financiaba? ¿Publicidad, subscripciones, ventas?

R. Las subscripciones no son fiables ni suficientes. Lo único en lo que puedes confiar es en la publicidad y si no tienes suficiente [tienes que] meter la mano en tu propio bolsillo. Por eso Leyon tuvo que vender maquinaria de su imprenta, sólo para mantener el periódico vivo. Hubo otro periodista que tuvo que empeñar su abrigo en pleno invierno para poder imprimir su periódico esa semana. Y como esa historia hay muchas, por eso trato de rendir tributo a todos esos pioneros de la prensa judía [en mi libro Türk Yahudi Basını Tarıhı (Historia de la prensa judeo-turca)]. Hoy en día mantener un periódico no es tan difícil como entonces. En aquel tiempo la misma persona estaba escribiendo, leyendo, corrigiendo, publicando y vendiendo. ¡Un hombre orquesta! Recuerdo con Moşe Levi Belman en La Boz, no había ordenadores y se imprimía con cajas, así que si una se caía todo se venía abajo. Una vez se cayeron todas y al día siguiente tenía examen, pero pasé toda la noche recolocándolas.

Tampoco había dinero para pagar, ¡tú tenías que pagar para trabajar en el periódico!

P. ¿Respecto a los temas? ¿Se podía elegir libremente? He notado que en el viejo Şalom apenas se publicaban críticas al gobierno, fuera del signo que fuera, y que de haberlas eran muy moderadas.

R. Esa es una pregunta interesante. Debemos considerar dos aspectos, desde mi punto de vista. Uno, ¿qué es Şalom? Para mí Şalom, y todos los periódicos judíos, son primeramente un medio de comunicación dentro de la comunidad y para saber qué está ocurriendo en la comunidad. Segundo, es un escaparate de la comunidad frente a otra gente. Por tanto, tomando en consideración que necesitas elegir tus artículos si quieres que la gente hable y lea el periódico, tienes que ofrecer contenido de interés para el público. Es por tanto una especie de carta dentro de la comunidad, especialmente en los años 20 y 30 pero también a día de hoy.

Además, hay que tener en cuenta que no eres un periódico libre, sino un periódico comunitario. Por tanto, es necesario tener en cuenta que tu deber como tal es no dañar a esa comunidad, no perjudicar los intereses de la comunidad. Incluso si ocurre algo dentro de la comunidad con lo que no estás de acuerdo puedes criticarlo, puedes criticarlo en tus propios términos, pero no puedes crear un escándalo, provocar un incendio. Tienes que ser decente en tu crítica. Por eso nosotros siempre fuimos cuidadosos, aunque en ocasiones hubo periodistas que trataron de hacer ruido y no fue positivo. A día de hoy, y son otros tiempos, con muchos más contenidos y artículos, no es ya una carta, es un periódico. Por ejemplo, si encuentras artículos sobre cine, deportes, finanzas, bolsa… no son asuntos propiamente judíos, ni judíos ni turco-judíos. Son temas generales. Hoy en día es más una mezcla de temas judíos y pro-judíos. Pero siempre tratamos de mantener las líneas rojas de los intereses de la comunidad en mente.

P. Es curioso porque Leyon siempre se mostró muy crítico, sin embargo, con el liderazgo de la comunidad. Escuché de uno de los actuales trabajadores de Şalom que fue “un hombre de carácter”, y así lo parece leyendo sus piezas.

R. Fue un hombre de carácter, incluso demasiado en ocasiones. Si no lo hubiera sido habría podido tener mayor apoyo por parte de la comunidad. Yo empecé a estar interesado en asuntos comunitarios cuando era estudiante, hace más de 60 años. Intentamos hacer crítica, pero no hacer daño. Avram Leyon fue arrogante en ocasiones –otros lo fueron mucho más, y desaparecieron– y él tuvo éxito siendo arrogante en algunas ocasiones, pero en otras fue mucho más humilde. Supo mantener el balance, aunque algunas semanas se mostraba muy duro, después sabía ser afable para compensar. Pero sí, era un personaje.

P. En general el tono de Şalom era muy cauto, Al hablar de política, apoyaban cada decisión del gobierno, cada uno de los golpes de Estado que ocurrieron en esos años. ¿Era por genuino convencimiento o porque era lo que había que hacer para no dañar a la comunidad, tal y como mencionó anteriormente?

R. Es sobre las líneas rojas que hablábamos. Nosotros somos una minoría en este país. Somos unos 18.000 hoy, ayer 25.000, cuando el periódico empezó unos 40.000 entre una población de millones 7. Por eso no puedes olvidar que eres parte de este país. En el lado religioso, en la Torá, dice “todo padre tiene que enseñar la Torá a sus hijos”, pero en el Talmud, dice “el país donde estás viviendo, es tu país: eres un judío, pero también eres un turco, un inglés, un español, un polaco”. Si hay una guerra, como por ejemplo la Primera Guerra Mundial, con británicos y otomanos luchando en los Dardanelos, y en ambos lados había judíos. Un judío estaba matando a otro judío, estaba siendo asesinado por otro judío; porque no era la religión lo importante en ese momento, era la bandera, tu nacionalidad, tu identidad. Y por eso en la sinagoga siempre hay, después de la ceremonia, una oración, una bendición para el país y el dirigente de ese país. Así lo indica el Talmud: “el país en el que vives es tu país, la ley del país en que vives es tu ley”. De este modo, cuando criticas, tienes que tener en cuenta que eres turco, no sólo judío, también turco y has de mantener el interés del país.

P. Ese es uno de los puntos que defiendo en mi tesis. Que entre la comunidad judía en esos años existe una identidad múltiple: la identidad religiosa, la identidad lingüística y también por supuesto la identidad nacional. Y analizo cómo se pueden conciliar todas estas identidades.

R. Sí. El Imperio Otomano era diferente. Con el sistema del millet cada comunidad se mantenía separada y no interfería con la política. Tenían independencia, su propio sistema educativo y de organización… era el millet, la nación. Pero hoy en día no es así, hoy somos una minoría.

P. Es muy curioso porque es fácilmente perceptible en el viejo Şalom como la comunidad se siente profundamente turca y una minoría dentro de este país, pero también muestran una unívoca lealtad a Israel.

R. Sí, pero no somos israelíes, somos turcos. Por supuesto que tenemos afinidad, porque muchos de nuestros familiares están allí. Si elegimos entre países siempre elegimos Israel, pero si tenemos que elegir entre Israel y Turquía por supuesto que preferimos Turquía cuando hay un partido de fútbol o de baloncesto. Esa es la línea roja de nuestra identidad: somos judíos, pero somos turcos.

P. Leyon se queja en numerosas ocasiones que no cuenta con el apoyo de la comunidad, que ni la gente ni el liderazgo le apoya, llega a decir en una de sus columnas que incluso intentaron cerrar Şalom y pone ejemplos de otras publicaciones de otras minorías que recibían mucho más apoyo 8. ¿Era esto real o una exageración porque era difícil mantener un periódico en ese tiempo?

R. Eso está directamente ligado a lo que me has preguntado antes sobre la política y las líneas rojas. A veces [Leyon] se mostraba muy independiente, pero si quieres que la comunidad te apoye hay ciertas líneas rojas que no se deben traspasar, tienes que considerar sus sentimientos. La mayoría de los periódicos judíos, de esos 120 periódicos, han sido cerrados por falta de dinero, por falta de apoyo de la comunidad. Cortaban la publicidad en estas publicaciones, pedían a los correligionarios que no dieran anuncios a estos medios.

P. Respecto a la publicación de anuncios en Şalom llama la atención que encontramos pequeños avisos de negocios pertenecientes a correligionarios, pero también de grandes empresas como Profilo 9, cuyo director ejecutivo sí era judío, bancos, aerolíneas, etc. (que no tenían nada que ver con la comunidad).

R. Bueno, Profilo sí era judía. Luego tienes algunas conexiones en esas grandes firmas o en agencias de publicidad que representan a esos clientes. Normalmente las grandes firmas están en contacto no directamente con los medios, sino con agencias a las que destinan un presupuesto para publicidad. Las agencias tratan de repartir ese presupuesto, y resulta que si el propietario de esa agencia era judío distribuía el dinero según su criterio 10. Si tienes 500.000 de presupuesto, ¿por qué no gastar 5.000 en Şalom? Al fin y al cabo, es un medio con 20.000 lectores judíos que pueden utilizar Lufthansa.

P. ¿Quién leía Şalom? ¿Era leído por la mayoría de la comunidad a pesar de las quejas de Leyon sobre el desinterés de la comunidad?

R. El viejo Şalom al principio era leído por mucha gente. No diría toda, pero mucha gente lo leía y tenía interés por lo que estaba ocurriendo en la comunidad. Después, a partir de los 70 más o menos, la gente perdió interés, porque había nuevos medios de comunicación. El semanario Şalom no era ya tan atractivo, no era interesante leer qué pasó hace seis días. Después de los 70 empezó a decaer y se decidió que si se quería ser leído era necesario escribirlo en turco y sobre asuntos que aún mantuvieran el interés de la población, no sobre otras cosas que puedes encontrar en cualquier otro periódico. Que fuera algo muy judío.

La parte más interesante del viejo Şalom era “La situación” 11, que era leída por todo el mundo en nuestra comunidad, pero hoy no la leería nadie.

P. Los temas cubiertos en el viejo Şalom eran básicamente política nacional y de Israel, después asuntos comunitarios, y finalmente otro tipo de noticias como anuncios sobre celebraciones sociales o el romanso 12, etc. ¿Era esos los temas que interesaban a la gente?

R. Sí. En cuanto a los romansos no los leía nadie, quizás gente más mayor. ¿Quién quiere leer 500 palabras y esperar una semana para leer la continuación? Sería mejor si terminara en 2 o 3 días para saber el final.

En los periódicos en aquella época, como he dicho, había una persona para llenar el periódico y tenía que encontrar contenidos suficientes. Una novela era muy práctica porque cubría media página. Si sumas algo de publicidad, cinco noticias de la comunidad, una “situación” y ya está. Y también algún contenido religioso que todos los periódicos judíos contenían.

P. ¿Qué es hoy Şalom?

R. Şalom es una institución, es un monumento. Por eso, cuando Leyon estaba enfermo, yo no quería que desapareciera. De verdad que peleé para que no muriera. O algunas personas lo comprarían y lo utilizarían para su propio interés, no en beneficio de la comunidad. Entonces, el nuevo equipo de jóvenes dirigidos por Leon Haleva empezó a trabajar y el primer número de Salom se publicó el 26 de septiembre de 1984. Y después cada semana durante años, antes de que el periódico saliera, me sentaba y leía el periódico palabra por palabra, y me llamaban “el hombre con el lápiz rojo”.

* * *

Las palabras de Güleryüz se ofrecen como testimonio privilegiado de los cambios que experimentó Şalom y la propia comunidad en la segunda mitad del s. XX. Su experiencia es paradigmática, no sólo en cuanto a testigo o experimentador paciente, sino que él mismo toma un papel activo al decidir el cambio de lengua de publicación de Şalom. Como Güleryüz señala en un momento de la entrevista, su madre hablaba la lengua étnica – el francés en este caso, habitual en los hogares judíos acomodados y adquirido por lo general en las escuelas de la Alliance 13– y no dominaba el turco, que aprendió con su propio hijo cuando éste se escolarizó. Este proceso fue bastante común, puesto que en la época –recordemos que Güleryüz nació en 1933– muchas mujeres no trabajaban fuera del hogar y dentro del mismo se comunicaban en la lengua étnica, ya fuera el francés o el judeoespañol (Romero, 2012:111). Güleryüz fue sin embargo educado ya en el sistema de la República, que había impuesto el turco como lengua vehicular y se constituyó por tanto en vínculo entre la lengua nacional y la familiar.

Este cambio en la lengua comunitaria es el mismo que se da entre los lectores de Şalom. De acuerdo con Weiker (1992:303), en 1927 un 85% de los judíos consideraban el “judío” 14 como su lengua materna. En 1945, dos años antes de que empezara a publicarse Şalom, la cifra desciende hasta el 66%, pero un 14’5% declara que es el español su primera lengua. El mismo autor proporciona datos sobre el dominio de una segunda lengua, y si en 1935 en torno al 48% de aquellos cuya lengua materna es la comunitaria (“judío” o español) afirma tener el turco como segunda, en 1950 el porcentaje asciende hasta el 88%. Lo que indican estos datos es que el conocimiento del turco avanzó extraordinariamente durante los primeros años de la República y que las políticas de ‘turquificación’ 15 fueron un éxito total, al menos en plano lingüístico. En los años siguientes el turco continuó ganando terreno hasta el punto que la generación nacida a partir de 1960 declara no hablar judeoespañol más allá de unas pocas palabras con sus abuelos (Seloni-Sarfati, 2013:19). Por tanto, durante los 37 años de publicación del viejo Şalom se produjo la transición; es decir, el turco pasó a ser la lengua de comunicación habitual en todos los ámbitos de la vida de la comunidad judeo-turca. El judeoespañol quedó relegado, en el mejor de los casos, al hogar; de ahí la necesidad de cambiar en 1983 la lengua en la que el semanario aparecía.

No obstante, como se señala en la entrevista, la decisión de mantener una página en judeoespañol está presente desde la refundación misma de Şalom. Esto indica un notable cambio de sensibilidad respecto a la lengua étnica que ya se había venido percibiendo en los últimos años del viejo Şalom. Una vez sus ámbitos de uso se redujeron extraordinariamente hasta el punto en que los miembros más jóvenes de la comunidad no lo entendían, se produjo en paralelo un movimiento en dirección opuesta de interés académico en la lengua 16 y unos ciertos esfuerzos de conservación de los que Güleryüz es buena muestra al afirmar que Şalom se redactaría «En turco, pero con una condición: una página, al menos una, debía ser redactada en judeoespañol». Esta reivindicación de una lengua que había retrocedido enormemente contrasta con el estigma que conllevaba frente a lenguas como el turco, el francés o incluso el hebreo (Díaz-Mas, 2006: 145). El rechazo de la lengua comunitaria, basado en su incapacidad de ajustarse a las necesidades de la vida moderna y su corrupción con otras lenguas, encontró en su día acomodo incluso entre las páginas de Şalom, donde se leía que «ya save muy byen ke el jargón turko-judeo-espamyol ke avlamos es en grande parte fransizado» 17. No obstante, como se mencionaba anteriormente, esta percepción se va alterando durante la segunda mitad del siglo XX, a medida que la lengua se extingue por otra parte, y las palabras y acciones del propio Güleryüz son buena muestra de ello.

Respecto a la prensa –su contenido, su evolución, su función, sus particularidades– las palabras de Güleryüz son esclarecedoras en cuanto que él mismo ha sido colaborador de diversas publicaciones, lo que le da una visión privilegiada del género y la época. Llama la atención su concepto de lo que debe ser un periódico comunitario como una ‘carta’ para sus miembros que les informe sobre asuntos básicos de la comunidad. Como tal debe prestar servicio a dicha comunidad –idea también muy presente en el viejo Şalom– y por ello evitar temas espinosos sobre política nacional. Avram Leyon también se rigió escrupulosamente por este principio durante todos los años en que estuvo al frente del semanario y en los que siempre mostró un tono benevolente hacia el gobierno de turno, a pesar de lo complicado de la situación política y económica en numerosas ocasiones. La comunidad judeo-turca, como señala Güleryüz, es muy consciente de su encaje como minoría en el tejido social del país y es por ello que, como afirma el historiador Rifat Bali (2007), y ante las limitadas opciones sociales y políticas, «the only solution they have found is to continue their traditional low-profile policy and wait for the various storms to pass».

Las dificultades de sacar a la luz un pequeño periódico comunitario han sido muchas y constantes a lo largo de la historia de la prensa sefardí. Los problemas económicos han sido la causa de numerosísimos cierres y un quebradero de cabeza permanente en el viejo Şalom, como señala Güleryüz y se lamenta el propio Leyon con creciente frecuencia. En los últimos años, y gracias en gran medida a los avances tecnológicos, las dificultades se han reducido y quizás, como apunta Güleryüz, «hoy no sea tan difícil mantener un periódico como antes». Confiemos en cualquier caso en que Şalom, el testigo más importante de lo que la comunidad turco-sefardí ha vivido en las últimas siete décadas, pueda seguir saliendo a la luz cada semana, haciendo «a lo tuerto, tuerto, a lo dereço, dereço» 18.

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1. Şalom, “Oy el ŞALOM entro en 37 anyos”,26/10/1983

2. Traducido literalmente como ‘Ciudadano, ¡habla turco!’

3. Cumhuriyet Halk Partisi, organización fundada por Atatürk y único partido hasta la reforma del sistema político turco en 1946, que dio entrada a otras formaciones en el panorama político de la República.

4. Şalom,“Felisitasiones del Prof. Dr. Marko Benbanaste”, 26/11/1980

5. El Amaneser es una publicación mensual que aparece como suplemento de Şalom y, como indica Naim Güleryüz, está redactada íntegramente en judeoespañol y dirigida por Karen Gerson Sarhon. Fue fundada en 2005 y es la única publicación periódica de este tipo a día de hoy: http://www.fundeu.es/noticia/el-amaneser-el-unico-periodico-del-mundo-en-idioma-judeoespanol/

6. “Kon el jornal tenemos tambien una empremeria moderna ke emprimamos Faturas. Anvelopes. Papeles de letra. Kartas de Aderesos i defteres de Kontabilita. Kon presios konvenibles i limpio”, se leía en casi cada número de Şalom. Este negocio, junto con la publicidad, era lo que permitía mantener el periódico mínimamente a flote desde un punto de vista económico.

7. En realidad, esta cifra era mucho mayor. El censo de 1945, último que se realizó antes de la publicación del primer número de Şalom y que proporcionaba datos de diferentes grupos étnicos dentro de la República, la cifra de judíos que se contabiliza es de 79.965. No obstante, en los años siguientes se produjo una migración masiva al recién fundado Estado de Israel que redujo esta cifra hasta los 45.995 del censo de 1955, más cercanos a los 40.000 que señala el Señor Güleryüz. Desde entonces se ha ido produciendo un lento goteo migratorio acompañado de un descenso demográfico constante que deja la cifra actual en los aproximadamente 18.000 que se mencionan.

8. Şalom, “Oy es un dia alegre para el Jurnal ŞALOM” 27/10/1971

9. Conocida marca de electrodomésticos turca fundada y dirigida por Jak Kahmi desde 1976 hasta que en 1995 la vendió a una firma alemana.

10. Este hecho es exactamente así, y el propio Leyon agradece en numerosas ocasiones a Eli Acıman y Benjamín Pla, directores de la agencia publicitaria Manajans, que proporciona anunciantes a Şalom (Şalom, “El Şalom en su 32 anyo”, 25/10/1978).

11. Con “La situación” se refiere a la columna semanal que Leyon publicaba en los últimos años del viejo Şalom sobre la situación política internacional, con especial atención a los eventos de Oriente Medio.

12. “Romanso” es la palabra en judeoespañol para novela. En la prensa sefardí hay una larga tradición de publicación de estos folletines, que normalmente eran adaptaciones de obras francesas y en ocasiones hebreas. Şalom no era una excepción, y cada semana publicaba un número del folletín correspondiente. En cuanto a su temática eran normalmente de tema sentimental, policiacas y en ocasiones de asuntos judíos, con un subgénero particular ambientado en la España medieval de antes de la expulsión (Díaz-Mas 2006: 201-201).

13. Los centros de la Alliance Israélite Universelle pertenecían a «una red de escuelas “a la moderna”, que van dando al traste con el sistema tradicional de enseñanza articulado en escuelas comunitarias y basado en los conceptos y valores del judaísmo» (Hassán, 1995: 122). En estas escuelas «la enseñanza se desarrollaba en francés y se prestaba especial atención a la cultura francófona, lo que propició que desde entonces las clases medias sefardíes tuvieran la cultura y la lengua francesas como referente y modelo cultural» (Díaz-Mas – Sánchez Pérez, 2010: 16)

14. En turco era habitual el empleo de la palabra Yahudice, ‘judío’, para referirse a la lengua comunitaria hablada por los judíos del país, que solía ser el judeoespañol. Escribe Mahır Şaulque «In practical terms espanyol and djudio meant the same thing, and had the same affective value» (Şaul, 2013:226)

15. En palabras de Rifat Bali, la “turquificación” era un «Project to create a state of citizens with equal rights, who will define themselves first and foremost as Turks, their religion being a private matter» (Bali, 2006: 43). Una de las bases de este proyecto era, obviamente, la lengua, y que cada una de las minorías del país dominara y se expresara públicamente en turco. De hecho, Tekin Alp (nacido Moiz Kohen), escribió un decálogo con normas para sus correligionarios judíos en los que se les invitaba no sólo a usar el turco en público, sino incluso a “turquificar” sus nombres o realizar las plegarias en esta lengua (Bali, 2006: 44).

16. En las propias páginas de Şalom en sus últimos años bajo la dirección de Leyon aparecen numerosos artículos sobre el judeoespañol o se reseñan publicaciones académicas que lo tienen como objeto de estudio. Por ejemplo, en el número del 20 de abril de 1977, se anuncia la publicación de la obra del Profesor Sephiha La agonía del judeoespañol, o unos años más tarde se afirma que “Nozotros Judios sefardís, azemos todo nuestro posible de aleşarnos de nuestras tradisiones i en partikular olvidamos la tradisional lingua sefaradi mientras ke selebres eskrivanos eskriven enteresantes livros tratando se sujetos de la istoria i linguasefaradi”, reseñando el libro de Elena Romero El teatro de los sefardís orientales (Şalom, 23/7/1980).

17. Şalom, 20/5/1948.

18. Ésta es la divisa que ha acompañado a cada cabecera de Şalom desde su primer número el 29 de octubre de 1947 hasta hoy.

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