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Expresiones judeoespañolas en los relatos de vida de supervivientes griegos de la Shoa

Judeo-Spanish expressions in life stories of Greek survivors of the Shoah

Nina Pinto-Abecasis

pintonina@hotmail.com
Bar-Ilan University (Israel)

Recibido: 01-05-2015 | Aceptado: 15-10-2015

Resumen

¿Qué papel juegan las expresiones judeoespañolas en los relatos de vida escritos por supervivientes ladinoparlantes de la Shoa? ¿En qué medida determinan la lengua y las expresiones judeoespañolas el centro de gravedad de los relatos? ¿Y por qué escogen los narradores incorporar expresiones judeoespañolas en el contexto de la lengua hebrea en la que escriben sus relatos? Éstas son algunas de las cuestiones principales tratadas en este artículo que presenta la hipótesis de que el objetivo de la incorporación del judeoespañol a los relatos en hebreo es otorgarles una mayor fuerza y hacer la experiencia judeoespañola más accesible a quienes no forman parte de ella. Es interesante señalar que es precisamente el hecho de que el judeoespañol fuese una lengua minoritaria en los campos de exterminio lo que proporciona una fuerza particular a sus hablantes, supervivientes de la Shoa, a la hora de componer sus relatos. El judeoespañol conservado en el recuerdo de esos supervivientes, que se convirtió en una ‘lengua informal’ en los campos, adquiere una nueva vitalidad en sus relatos. Centramos la discusión en las autobiografías de supervivientes griegos y en testimonios recogidos en entrevistas con estos supervivientes. En todos ellos examinamos la incorporación de expresiones judeoespañolas a los relatos y las referencias al estatuto de la lengua judeoespañola durante la Shoa.

Palabras claves: relatos de vida, autobiografías, biografías, Shoa, supervivientes griegos, ladino, lengua materna, identidad cultural.

Abstract

What is the role of Judeo-Spanish expressions in the life stories written by Ladino-speaking Holocaust survivors? To what extent do the Judeo-Spanish language and expressions determine the center of gravity of the stories? And why do the tellers of the stories choose to incorporate Judeo-Spanish expressions into their Hebrew-written life stories? These are some of the central questions addressed in the present paper, which suggests that the purpose of incorporating Judeo-Spanish to these stories is to render them more powerful and to make the Judeo-Spanish experience more accessible to those who are not part of it. It is interesting to note that it is the very fact that Judeo-Spanish was a minority language in the extermination camps which makes the life stories of its speakers who survived particularly forceful. The Judeo-Spanish language preserved in their memory, which became an “informal language” in the camps, acquires a new vitality in their life stories. We center our discussion on the autobiographies of Greek survivors and on testimonies gathered in interviews with those survivors. We examine the incorporation of Judeo-Spanish expressions to their life stories and the references to the status of the Judeo-Spanish language during the Holocaust.

Keywords: life stories, autobiographies, biographies, Holocaust, Greek survivors, ladino, mother tongue, cultural identity.

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Pinto-Abecasis, N. (2015), Expresiones judeoespañolas en los relatos de vida de supervivientes griegos de la Shoa. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 64: 171-181.

  1. Introducción

Los relatos de vida de los supervivientes griegos de la Shoa que se han publicado en hebreo están salpicados de expresiones en ladino que requieren ser examinadas como una unidad lingüística por derecho propio. En este artículo quiero analizar cómo se ve afectado el centro de gravedad de los relatos por la lengua y las expresiones judeoespañolas, y por qué escogen los narradores incorporar éstas en el contexto de la lengua hebrea en la que escriben sus relatos de vida. También quiero comprobar si existen mecanismos comunes a la hora de escoger las expresiones en ladino que aparecen en estos relatos narrados en hebreo. Centraré la discusión en las autobiografías y biografías de supervivientes griegos así como en testimonios recogidos en entrevistas con los mismos.

  1. La vida y la muerte en manos de la lengua

El primer relato en el que nos centraremos será el de Ovadia Baruj, un superviviente proveniente de Salónica, publicado en forma de biografía por Yad Vashem. El subtítulo del libro es Una historia de amor en Auschwitz y su título Oh Madre1. Para esta obra, escrita en hebreo en su totalidad, se ha escogido un título en judeoespañol que hace referencia al acontecimiento central de la narración. El análisis psicológico de los relatos nos enseña que, a la hora de examinarlos, debemos buscar el punto álgido o de inflexión que pueden verter luz sobre la totalidad del mismo2. En esta biografía el centro de gravedad del relato, que marca un punto de inflexión en la sucesión de tormentos y horrores vividos por el narrador, es el momento de su encuentro con Aliza Baruj y el amor que nace a partir de ese momento, un amor que otorga sentido a su vida y da la vuelta al relato. Ese encuentro se produce cuando llevan a Ovadia Baruj a cumplir su castigo de cincuenta azotes por haber robado un plato de sopa. La narración se detiene en una descripción pormenorizada de las humillaciones que sufre que no son únicamente físicas sino también psíquicas, lo que conlleva la pérdida del elevado estatus que tanto esfuerzo le ha costado lograr entre sus compañeros, que ahora lo están contemplando. Cuando sus torturadores lo golpean en los testículos, grita en ladino con dolor ‘Oh madre, oh madre’ y Aliza Baruj al oír ese grito trata inmediatamente de localizarlo. El giro se produce en la historia cuando el espíritu se impone a la agotadora lucha por la supervivencia física y mental. Ése es también un punto de inflexión en el relato de Aliza, que se narra en la segunda parte de este libro y cuyos aspectos de género han sido analizados por Tamar Alexander3.

En el transcurso de la historia de Aliza Baruj, que complementa el relato de su esposo, pasa de ser una víctima de las circunstancias a convertirse en protagonista y decidir el curso de su vida al pedirle a su capo que le permita encontrarse con Ovadia. Arriesga su vida para reunirse con él fingiendo que lleva material de trabajo para el departamento de Ovadia, infringiendo así las estrictas normas del campo. La rebelión de ambos contra esas normas los une y los convierte en las dos partes de un todo, lo cual encuentra su reflejo en la manera en que los relatos se completan en el libro. Así, las vivencias comunes que no aparecen en uno se detallan en el otro.

Los sonidos del ladino eran extraños a los campos de concentración y señalaban a aquellos que se encontraban fuera del círculo pero, para Ovadia Baruj, representaban un lazo con el pasado y su vida anterior. Como señala Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido, el aferramiento a elementos del pasado en ese mundo caótico era esencial para la supervivencia4. El idioma ladino posibilitó el diálogo entre Ovadia y Aliza, separándolos del mundo que los rodeaba, invirtiendo la jerarquía de las lenguas en un contexto en el que el uso del ladino y el desconocimiento del alemán podían conducir a la muerte5.

Varios de los testigos que contaron sus historias a Shmuel Refael, recogidas en su libro Por los senderos del infierno6, describen la importancia crucial del conocimiento de las lenguas en esas circunstancias, pudiendo significar la diferencia entre la vida y la muerte. El propio Ovadia Baruj relata: «Hablábamos todo tipo de lenguas. Y nadie comprendía el alemán. Una verdadera Torre de Babel e incluso peor que eso7». En esta polifonía lingüística y cultural, según el concepto de Bajtin8, a ese caos y desorden se incorporaron los judíos de Grecia. El superviviente Elimelej Baruj narra: «El alemán era extraño para nosotros. Pasaron unos cuantos meses hasta que captamos la lengua, pero hasta entonces nos golpearon sin fin, porque no entendíamos las órdenes9». Algo parecido cuenta Yosef Gerasi: «Nos golpeaban y no sabíamos por qué, no entendíamos el idioma, nos pedían un pico y llevábamos una pala. Los alemanes gritaban y pegaban, y nos encontrábamos impotentes10». En términos similares se expresa Avraham Halegua:

Había otro problema en el campo — no comprendíamos qué querían de nosotros. No comprendíamos ni yidish ni alemán. Cuando nos pedían que trajéramos agua traíamos tierra; cuando nos decían que siguiéramos marchando nos deteníamos, y por cada uno de esos malentendidos nos daban palizas mortales11.

En otro testimonio, recogido en el libro de Bari Nahmias Un grito para el mañana12, cuenta Marcel Nazari: «Moll ‘el comandante de todos los crematorios’ mató al primero de nuestro grupo después de darle alguna orden que aquel no comprendió13». Al mismo tiempo, hay otros relatos en los que el ladino se revela como una lengua que da vida al igual que en la historia de Ovadia Baruj. Así, por ejemplo, puede verse el momento del rescate en la biografía de Jacques Stroumsa, Elegí la vida14: «A mi derecha, me aferré al brazo de un compañero y no nos soltamos. En un momento dado oímos los disparos justo a nuestras espaldas. «No te gires» me dijo él en ladino. Otro de mis compañeros cayó. En esas condiciones teníamos que seguir caminando o morir».

  1. La madre y la lengua materna

El título del libro de Ovadia Baruj, Oh madre, ilustra la añoranza de la madre que se encuentra entretejida a lo largo de todo su relato. Para Baruj, la lengua materna es una metonimia de su madre a la que representa. La madre estuvo presente por un corto tiempo en la vida de Baruj, pero su ausencia es prominente en todo el relato. El título permite al narrador construir su biografía de tal forma que navega entre varios planos temporales: el pasado lejano, cuando su madre aún vivía, pasando por el recuerdo de su madre que quedó grabado en su consciencia y en su lengua, hasta el acontecimiento que cambió su vida cuando en su aflicción gritó de dolor en su lengua materna y así encontró al gran amor de su vida con quien reconstruyó su vida formando un hogar en Israel. Así pues, por una parte es una metonimia que hace referencia a la humillación y al miedo por medio del grito de dolor que forma parte del momento de la paliza y, por otra, un recordatorio de cómo el ladino fue un punto de luz en un momento en el que pudo servir como código secreto para quienes lo hablaban. En palabras de Mordechai Rotenberg15, se trata de un título que reafirma la ‘línea del relato’ que guía la historia del narrador y también su vida, en este caso, que es posible obtener algo bueno incluso en medio del peor sufrimiento humano y que nunca hay que dejar de luchar por ello.

Otro título de biografía que hace referencia a un acontecimiento significativo y que pone de relieve la lengua del autor y la presencia de su madre que ya no está es El candil que sobrevivió de Tzadok Matsa, un superviviente de la Shoa de la ciudad griega de Ioánnina. En este caso, la lengua materna del autor no es el ladino sino el griego y la palabra ‘candil’, que aparece tal cual en el título en hebreo, significa en griego lo mismo que en español, una lámpara de aceite. Este título es metafórico y metonímico al mismo tiempo. La metáfora es el ser humano que ha logrado sobrevivir como un candil cuya llama aún sigue ardiendo. La metonimia hace referencia a un sueño o, más bien, a una pesadilla que tuvo el narrador una noche de primavera de 1944. En su sueño, dos de los candiles de la casa caen al suelo y el incendio resultante quema la casa y todo lo que contiene salvo el candil de la cocina, que sigue ardiendo entre las cenizas. A la mañana siguiente, mientras le está contando a su madre la pesadilla que ha tenido, dos soldados de la Gestapo golpean la puertaVeintidós años más tarde, ya en Israel, la noche antes de la fiesta de fin de curso de una de sus hijas en el instituto, el narrador vuelve a tener el mismo sueño y en el que le muestra a su madre el candil que sobrevivió y ella le dice que el candil es él, el superviviente, la cadena de las generaciones que sigue y seguirá luciendo.

  1. El ladino como memoria

Hablando de su libro Por los senderos del infierno, mencionado anteriormente, Shmuel Refael señala que la mayor parte de los testimonios fueron dados en un hebreo defectuoso y que muy pocos testigos lo entremezclaron con el ladino. El testigo Abraham Halegua cuenta que en una reunión convocada en la sinagoga por el rabino Koretz, el rabino principal de Salónica, éste declaró en ladino ante todos los presentes que «como degidios dibimos di sufrir!» (‘como judíos debemos sufrir’). El testigo cuenta que en los campos de concentración los judíos de Salónica recordaban esas palabras del rabino que tanto les enfurecieron y que a él lo acompañaron durante toda su vida16. El uso del ladino revive esta escena tan significativa que da idea del antagonismo que existía contra el rabino Koretz — lo cual aparece mencionado en numerosas biografías escritas por supervivientes de Salónica17 — y que evoca también a todos aquellos judíos que no le hicieron caso y lograron escapar en el último momento.

Los relatos recogidos en el libro de Shmuel Refael están escritos en hebreo. El idioma predefinido de la entrevista y del libro es el hebreo aunque los entrevistados saben que el entrevistador conoce sus lenguas: el hebreo, el ladino y el griego. Así, por ejemplo, en el texto de Haim Refael, padre del autor, incluso el diálogo entre el narrador y su padre aparece entrecomillado en hebreo y no en ladino18. Esta parte nos la narró el hijo mayor de Haim Refael, Tzadik Refael, en el viaje que hicimos a Polonia en mayo de 2014 un grupo de ladinoparlantes siguiendo el itinerario de los judíos de Grecia en la Shoa. Fue en el campo de concentración y de exterminio de Buna-Monowitz, el lugar donde se produjo aquel diálogo entre su padre y su abuelo pero no citó las palabras de su abuelo en hebreo sino que de forma espontánea las pronunció en ladino, como se lo había oído contar tantas veces a su padre, : «¿Hayitachen que este chuflete mos salvó del frío y de la lenya?» (‘¿Cómo es posible que este silbato nos haya salvado del frío y de los palos?’). Cuenta el narrador que aquel día le pidió a un oficial de las SS su armónica y le tocó “Lili Marleen” pero dejó de tocar cuando vio que estaban golpeando a su padre. El oficial le preguntó por qué había parado y, cuando el narrador le dijo que era porque su padre estaba siendo golpeado, inmediatamente ordenó que cesaran. Su padre no se creía el milagro que le había sucedido y ahí fue cuando le preguntó a su hijo: «¿Hayitachen que este chuflete mos salvó del frío y de la lenya?».

La importancia de la pregunta reside en que con ella el padre de Haim Refael expresa por fin su reconocimiento de la importancia de los conocimientos musicales de su hijo. Antes de la guerra Haim Refael se había empeñado en estudiar música aunque su padre hubiese preferido que dedicara ese tiempo a trabajar y la importancia que tuvo para él la interpretación musical se prolongó durante toda su vida- Como ejemplo, en la portada de su autobiografía aparece tocando el acordeón.

En su libro Un librito sobre el sentido de la vida, el filósofo Asa Kasher sostiene que, para que los muertos puedan seguir viviendo en el corazón de sus seres queridos, estos deben poner de manifiesto los valores de sus muertos en los principios prácticos que gobiernan sus acciones e informan sus relatos19. El ladino revive a los padres de los supervivientes, lleva sus voces a los relatos de sus hijos, voces vivas que juegan un papel significativo en la vida de los hijos incluso décadas después del fallecimiento de los padres.

Tzadik Refael, hijo de Haim Refael, en el campo de concentración y de exterminio
de Buna-Monowitz leyendo las palabras de su padre. A su lado, el intérprete
de armónica Dror Adler toca la canción Lili Marleen.
Polonia, 28.5.2014 (foto tomada por la autora).

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  1. El ladino y el ciclo de la vida

En el libro escrito por Eli Hassid, Mi Salónica, el ladino aparece en el capítulo que abre la autobiografía cuando describe el mundo de la comunidad y de su hogar en Grecia antes de la Shoa. Presenta un mundo que ya no existe en una lengua que también ha dejado de existir una vez desaparecidos sus padres y su familia, y dice así:

Cuando nací no había pañales desechables, sino colchón di pisho… en la gran cocina había un fregadero y a su lado una estufa con brasas ardientes (fornaia). En la cocina había también un depósito para guardar el carbón (carbonera)… En una esquina de la cocina se encontraba la caldera de lisia (un barril con agua de lluvia y ceniza para la colada)… una vez por semana venía la djudía di colada (la asistenta) para lavar la ropa en las basinas (palanganas)20.

Después del primer capítulo, el ladino desaparece de su relato al igual que desapareció aquel mundo y desaparecieron también sus padres. Una vez finalizada la guerra, Eli Hassid regresa ilusionado a su ciudad natal pero ésta ya no es la Salónica en ladino sino una Salónica en la que se siente extraño y que le produce tristeza y dolor. Lo describe así:

Salónica, con la gente que yo conocía, ya no existe. Ante mis ojos se extendía una ciudad extraña. En las casas que yo conocía tan bien ahora vivían desconocidos. Los recuerdos trágicos de un pasado no muy lejano me mareaban. Aquí está el barrio donde crecí. Esta es la casa del tío, ahí está la casa de abuela, y aquí estaba mi casa. ¿Dónde están mis seres queridos? Las casas están, pero mis parientes no. Las memorias acentuaron mi dolor, y la atmósfera era insoportable21.

De esta manera, Eli Hassid decide abandonar Salónica pero antes de hacerlo le dedica un poema presentado en sus tres lenguas: el hebreo, el ladino y el griego. Éste es el final del mismo en ladino:

Mé acodro de tus ermozuras, de tu ciélo, dé tu mar

i no sé en mi mesmo, cualo con mi boca esklamar:

— Té amo, o té aborésco, viéja Salonik?

De esta forma el ladino abre y cierra su relato de la guerra, enmarca su mundo, evoca un pasado desaparecido. Los versos que le dedica a su ciudad quieren revivir el ladino de Salónica, la ciudad que fue judía y dejó de serlo. El corto capítulo que cierra el libro contiene otro poema del autor en ladino, esta vez humorístico, en el que utiliza la ironía para exponer burlonamente otra injusticia más sufrida por los supervivientes griegos. Cuenta Hassid cómo fue con su esposa a pedirle a la vecina que les devolviera las pertenencias que dejaron a su cuidado y cómo ésta se burló de su petición y les dijo que bastante tenían con haber sobrevivido. Para los supervivientes, la pérdida de sus pertenencias es un reflejo de la falta de control sobre sus vidas y sus identidades originales22:

Ashcoulsoun gente que ay por el moundo,

Sintiendo lo què me passo, patron del moundo.

Despoués de tanta négra passadia

Poco comer i espanto cada dia,

Mé ayégo el todo poderoso

Para què biva agora mas horoso,

Sin el espanto de esté péro téméroso

què el alman mos va arecoger,

o ké van a matar a mi mujer.

Sintiendo i verech la passadia mia,

Es todo verdad, por la vida mia.

Atornimos del cazal , mi moujer i yo

— Mal a ningunos no fisimos, por el Dio

Huémos andé la visina dé énfrenté

Le dichimos i lé arogimos francamenete

Dé mos dar atras toda la ropa,

no importa en ké lugar sé topa

La ropa què lé aviamos dado a gouardar

I si iyamos a bivir, la iyamos a tomar.

Komodo no sé enterro biva i mos dicho

Què los almanes mataron a sou fijo,

Què salio fuégo a sou kaza,

Què sufrio de fambre, horis masa,

Què los tagmatalites emprisonaron a su hijo tchiko,

I què los élasitas, fisiéron pliatchiko.

Dunquè, la conclousion de todo esto

Salé de souyo, presto presto,

Ké no tiéné nada mouestro, madame pétiha,

Sé lavaran las manos, i diran béraha.

I non abasto todas estas kozas

Ké mo las dicho muy ermozas,

Kouando mos estavamos indo, — Ké vinitech

Mos dicho, no basta ké bivitech?

Dé sintir ésto, a mi moujer lé vino kolpo

I el dismichado mi mé desmayi a poco a poco.

En este poema rimado imita Eli Hassid el conocido estilo de las «coplas del felek»23 que tratan de temas de actualidad y que, a su vez, intentan copiar a las coplas de Purim24. El tema es una de las dolorosas experiencias con las que se encontró el autor una vez finalizada la guerra ,o en los términos de Ayala Yeheskel, en «la guerra después de la guerra»25.

  1. Conclusión

El judeoespañol fue una lengua minoritaria en los campos de concentración y, precisamente por ello, es una lengua que otorga una fuerza especial a los relatos de vida de los supervivientes ladinoparlantes de la Shoa. El ladino les ayudó a conservar su identidad cultural, su individualidad y también los lazos con el mundo anterior a la Shoa. El uso de la lengua materna en sus relatos revive imágenes y escenas significativas al mismo tiempo evoca a sus padres interiorizando sus voces, que siguen vivas gracias al milagro de la supervivencia de sus hijos.

  1. Bibliografía

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Notas

1. Shachar, 2002.

2. Lieblich-Tuval-Mashiach-Zilber, 1998: 13.

3. Alexander, 2010: 11-30.

4. Frankl, 1991: 47.

5. Galili, 2009: 17-24.

6. Refael, 1988. Es la colección más importante de testimonios de supervivientes griegos de la Shoa.

7. Refael, 1988: 96.

8. Bakhtin, 1984: 5.

9. Refael, 1988: 90.

10. Refael, 1988: 149.

11. Refael, 1988: 174.

12. Nahmias, 1991.

13. Nahmias, 1991: 107.

14. Stroumsa, 1995.

15. Rotenberg, 1987. Rotenberg propone el concepto de re-biografía en el contexto de la rehabilitación psicológica de los supervivientes del Holocausto. Se trata de una relectura del pasado que aspira a restaurar una cierta armonía en la manera en que el individuo percibe su propia vida. La ‘línea del relato’ es un tema que aparece a lo largo de todo el relato o en algunos puntos clave del mismo.

16. Refael, 1988: 172.

17. Y también en varios de los testimonios recogidos en el libro de Refael, 1988: 21, 31, 39, 80, 167.

18. Refael, 1988: 472.

19. Kasher, 2002.

20. Hassid, 1997: 13-14.

21. Hassid, 1997: 111.

22. Hassid, 1997: 118-119.

23. Romero, 2008.

24. Refael describe los orígenes de este género en su artículo “Unos aspektos de las Koplas de Purim”, incluido en Nahmias, – Alexander, 2007: 81-89.

25. Yeheskel, 1999: 63-65, 86-89, 136-138, 154-156, 187-189, 201-214, 216-218, 235-240, 248-251. Revela los mecanismos fenomenológicos mediante los cuales los supervivientes procesan el trauma del Holocausto y lo concilian con los demás recuerdos de sus vidas para integrarlo en sus relatos. Algunos supervivientes describen las dificultades que tuvieron que afrontar después de la guerra para rehabilitar sus vidas y crear su re-biografía, es decir, una relectura positiva de sus vidas; las describen como la guerra después de la guerra. (Yeheskel, 1999: 168-169, 259). La sensación de pérdida experimentada al regresar a sus ciudades de origen es un motivo que se repite en los relatos de los supervivientes en general y de los judíos griegos en particular: muchos de ellos hablan de la humillación y la decepción que les produjo el encuentro con sus vecinos no judíos tras la liberación.

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