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Tradición y modernidad en el viaje de peregrinación
a Jerusalén del Marqués de Tarifa: influencia en el
patrimonio cultural de Sevilla

Tradition and modernity in Marques of Tarifa pilgrimage to Jerusalem: Influence on the cultural heritage of Seville

María de la Encarnación Cambil Hernández

nanicambil@gmail.com
Universidad de Granada

Recibido: 21/12/2014 | Aceptado: 19/02/2015

Resumen

La tradición y modernidad que caracteriza el paso de la Edad Media a la Edad Moderna en nuestro país, tendrá su reflejo en los viajes de peregrinación a Tierra Santa. Durante el siglo xvi, los viajeros cristianos que llegaban en peregrinación hasta Jerusalén realizaban su periplo con un interés fundamentalmente religioso y devocional. Pero éste no era el único, ya que se le unían otros intereses como la búsqueda de aventuras, del conocimiento y de negocios. Durante el viaje de ida, el peregrino, lleno de emoción y espiritualidad, visitaba santuarios y reliquias para obtener las indulgencias necesarias para el buen morir y lograr la vida eterna. Sin embargo, durante el viaje de vuelta, ya convertido en viajero, llevaba a cabo los otros objetivos previstos convirtiéndose en una experiencia que después tendría su reflejo en su entorno y en el patrimonio. En este trabajo analizaremos la estancia del Marqués de Tarifa en Jerusalén y su viaje de vuelta a Sevilla, pues su experiencia durante estos tramos del viaje quedará plasmada para siempre en el paisaje cultural de la ciudad de Sevilla.

Palabras clave: Marqués de Tarifa; Jerusalén; Sevilla; Renacimiento; patrimonio cultural.

Abstract

Tradition and modernity that characterizes the transition from the Middle Ages to the Modern Age in Spain, will be reflected in the pilgrimage trips to the Holy Land. During the sixteenth century, Christians travelers who came on pilgrimage to Jerusalem did their tour with a fundamentally religious and devotional interest. But he was not alone, as he joined other interests as the search of adventure, knowledge and business. During the journey, the pilgrim, full of emotion and spirituality, visiting shrines and relics for indulgences necessary for the good die and attain eternal life. However, during the return trip, and become traveler, carrying out other planned objectives becoming an experience that would later reflected in their environment and heritage. In this paper we analyze the stay of the Marquis of Tarifa in Jerusalem and his return trip to Seville, for his experience during these sections of the trip will be captured forever in the cultural landscape of the city of Seville.

Keywords: Marqués de Tarifa; Jerusalem; Seville; Renaissance cultural heritage.

Agradecimientos

Este trabajo forma parte de los resultados de los Proyectos de Investigación La alteridad religiosa y étnica en los escritos de viajes: judíos, cristianos y musulmanes de Siria-Palestina (siglos xii-xvii), Ref. FFI 2010-16633 y Edición y estudio de los escritos de viajeros judíos de Siria-Palestina (siglos xii-xvii) concedido dentro del programa de Proyectos (2014-2015) del Plan Propio de la UGR.

cómo citar este trabajo | how to cite this paper

Cambil, M. E. (2015), Tradición y modernidad en el viaje de peregrinación a Jerusalén del marqués de Tarifa: influencia en el patrimonio cultural de Sevilla. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 64: 39-66.

  1. Introducción

En el siglo xvi el Atlántico, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, se había convertido en centro de interés para los viajeros, a pesar de ello, el Mediterráneo continuaba siendo foco de atención, especialmente para los que marchaban en peregrinación a Tierra Santa. En este periodo, el viaje a Jerusalén se había institucionalizado haciéndose poco a poco más regular y estacional. Desde la conquista por los turcos de Constantinopla se utilizaba habitualmente la ruta marítima siendo el puerto de salida más frecuentemente utilizado el de Venecia. La ciudad de los canales contaba con una oferta naviera y una buena organización de servicios que facilitaba al viajero todo lo necesario para su aventura. De esta ciudad partían hacia Jerusalén, dos veces al año, barcos que llevaban a los peregrinos hasta el puerto de Jaffa, ciudad considerada como la entrada a la Ciudad Santa.

Son numerosos los peregrinos que partieron de la Península Ibérica hacia Jerusalén en el siglo xvi, véase como ejemplo: Fray Antonio de Lisboa (1507) y Fray Diego de Mérida (1512); el poeta cordobés Alonso Gómez de Figueroa (1513); el marqués de Tarifa D. Fadrique Enríquez de Rivera (1519); el poeta Juan de la Encina; el señor de Tramoz D. Pedro Manuel Urrea (1523); el franciscano Fray Antonio de Aranda (1533); y el músico Francisco del Castillo (1588-89). La mayor parte de ellos documentaron su viaje en un diario, publicado con posterioridad, en el quedará recogida su experiencia como peregrinos y viajeros.

En este trabajo trataremos el viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa, analizando solamente dos tramos: su estancia en Jerusalén y su viaje de vuelta del que nos centraremos en las diferentes etapas, marcadas por su estancia en las ciudades de Venecia, Nápoles, Roma y Génova, pues cada una de ellas será importante para cumplir los diferentes objetivos del mismo. Nos detendremos de forma especial en su llegada a Sevilla, pues la influencia que tuvo en el Marqués su viaje de peregrinación a Tierra Santa ha quedado reflejada en diferentes elementos que forman parte del patrimonio cultural de la ciudad.

  1. Tradición y modernidad en la vida y personalidad del Marqués de Tarifa: razones de su viaje de peregrinación a Jerusalén

El Marqués de Tarifa es un claro representante de su época. En su vida y personalidad se reflejarán las circunstancias sociales, políticas, económicas y culturales del periodo histórico que le tocó vivir marcado por el reinado de los Reyes Católicos, en el que confluirá el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna. En él, junto a las características sociales, políticas y culturales del «estado moderno» implantado por Isabel y Fernando, pervivirán elementos de tradición medieval presentes en diferentes aspectos de su gestión gubernamental, en sus ideas religiosas, incluida la cruzada, así como, en la cultura y el arte1.

Don Fadrique Enríquez de Ribera nació en 1476, en el seno de una familia de alto linaje. Hijo primogénito de don Pedro Enríquez, señor de Tarifa, primo hermano de Fernando el Católico, Adelantado Mayor de Andalucía y de su segunda esposa, doña Catalina de Ribera, con la que además de don Fadrique tuvo otro hijo don Fernando. En este matrimonio se aliaron dos poderosos linajes sevillanos que constituyeron un nuevo mayorazgo, en el que los Reyes delegaron su autoridad en la ciudad2.

Su infancia transcurrió entre Sevilla y las propiedades que tenía su familia en Bornos, en la sierra de Cádiz. Su padre había tenido un hijo con su primera esposa Beatriz de Ribera, llamado Juan Enríquez, por lo que al no ser el primogénito, fue destinado a la carrera militar. A la edad de diez años recibió de manos del Maestre D. Alonso de Cárdenas, el Hábito de la Orden de Santiago, cuya insignia le acompañará siempre hasta su muerte3. Como militar de carrera, participó junto a su padre en las revueltas moriscas de la Axarquía malagueña y en la campaña de la guerra de Granada, donde se encontraba en el año 1490. En esta ciudad, en el campamento que Isabel y Fernando habían instalado a las afueras, en presencia de los reyes, fue nombrado caballero por el príncipe Juan.

La tradición y modernidad de su época estarán presentes en su formación, ya que era un hombre amante de las letras y el arte. En su biblioteca, junto a las tradicionales obras piadosas, libros de horas, liturgia y vidas de santos, heredados posiblemente de su madre, había libros de los pensadores más relevantes del Renacimiento, de teología, literatura, viajes, geografía, teatro, poesía, etc., como Los Coloquios de Erasmo de Róterdam y la Introduccione Latil4 . Amigo de intelectuales, literatos y poetas, sin duda, el personaje que más influyó en su formación fue el humanista lombardo Pietro Mártir de Anglería5, que vino a la Península Ibérica, entre otras cosas, como cronista de la Guerra de Granada. Al finalizar ésta, profesó como sacerdote y se dedicó, además de ocupar numerosos cargos públicos al servicio de los Reyes Católicos, a formar jóvenes de la aristocracia, entre los que estaba don Fadrique Enríquez de Ribera, a quien posiblemente conoció en la corte. Al terminar la Guerra de Granada, el Marqués es probable que le pidiera a Anglería que se trasladará a Sevilla para continuar con su formación. Hombre de gran personalidad, el italiano influirá en él fomentando el sentimiento religioso heredado de su madre, pero fundamentalmente inculcándole la racionalidad del humanismo y la curiosidad por conocer las ciudades italianas en las que el Renacimiento había llegado a su máximo esplendor6.

Al volver de la Guerra de Granada, a comienzos de febrero de 1492, su padre había muerto y la mayor parte de sus bienes había pasado a manos de su hermano mayor don Juan Enríquez, el cual heredó el título de Adelantado. La madre de don Fadrique, doña Catalina, administró muy bien los bienes que le correspondieron a él y a su hermano Fernando y aumentó sus propiedades y rentas. A su muerte (1505) les dejó una sustanciosa herencia valorada en doce millones y medio de maravedíes para cada uno. Dicho patrimonio, uno de los mayores de su tiempo, se completó con la concesión, por parte del rey Fernando, de la Alcaldía Mayor de Sevilla y por un amplio bulario concedido por el papa Julio I. En el año 1509 falleció su hermano mayor don Juan Enríquez y don Fadrique se convirtió en la cabeza del linaje de los Enríquez de Ribera, volviendo a sus manos la mayor parte del patrimonio familiar. En 1514, la reina Juana le otorgó el título de Marqués de Tarifa que añadió al título de Adelantado de Andalucía.

Imagen 1. Retrato de D. Fadrique Díaz de Ribera. I Marqués de Tarifa

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En 1518 tomó la decisión de realizar un viaje de peregrinación a Jerusalén. Era un hombre muy rico, contaba con un gran prestigio social y estaba muy bien posicionado en la corte.

Es habitual que en los diferentes trabajos que existen sobre el Marqués de Tarifa, sus autores se pregunten por qué decidió en 1518 hacer un viaje de peregrinación a Jerusalén, en un momento en el que los cronistas hablan de Sevilla como la «Nueva Roma» del Imperio español, convertida en puerta de América, ciudad a la que llegaban, atraídos por las riquezas que se recibían en su puerto desde el Nuevo Continente, personajes de todo tipo: cosmógrafos, navegantes, comerciante, soldados, pícaros, impresores y artistas. En dichos trabajos son muchas las razones y los motivos expuestos para justificar su viaje a Jerusalén.

Desde nuestro punto de vista, las razones fueron esencialmente de carácter espiritual, social, de descubrimiento y de negocios. En todas ellas estarán presentes la tradición y modernidad que caracterizan su vida y personalidad.

a) Razones religiosas y espirituales: la tradición se mostrará en las razones de naturaleza espiritual. El Marqués, como peregrino, tendrá en su viaje un interés religioso y devocional manifestado claramente en la forma minuciosa en la que describe, en su diario de viaje, todo lo referido a las reliquias que iba visitando en los distintos conventos y santuarios por los que pasó. Pero la veneración de las reliquias y la visita a los diferentes lugares religiosos no era el único objetivo, pues realmente la finalidad última era obtener las indulgencias necesarias para lograr el buen morir y por ende, la salvación eterna de su alma. A todo ello se unía su condición como Caballero de la Orden de Santiago que lo convertía en militante en la defensa de la fe verdadera y en seguidor de la figura de Cristo como ejemplo a imitar, razón suficiente para salvaguardar, aunque fuera en una «cruzada pacífica», los Santos lugares7. Pero aún había más, Roma, Jerusalén y Santiago eran los centros esenciales de peregrinación cristiana. Posiblemente nuestro viajero ya había peregrinado a Santiago y a otros santuarios menores como Montserrat y Guadalupe8. En su viaje de vuelta, durante su estancia en Roma, completará su ciclo como peregrino a los tres grandes centros de la cristiandad, obteniendo con ello todas las bulas e indulgencias necesarias para la salvación de su alma.

b) Razones de tipo social: dejarán ver su modernidad a través del refuerzo de su estatus social y su intención de preservar su memoria y su fama. Podemos pensar que no lo necesitaba ya que era un personaje que gozaba de una gran fortuna, posición y reconocimiento. En el momento de iniciar su viaje poseía, como puede verse en su escudo heráldico, varias bulas pontificias y títulos reales. Era Adelantado de Andalucía, Marqués de Tarifa, Alcalde Mayor de Sevilla y señor de Alcalá de los Gazules.

Sin embargo con el viaje su status social se verá reforzado. Por un lado, porque en el siglo xvi el viaje de peregrinación a Jerusalén se realizaba de forma mayoritaria por la nobleza, que era la que podía permitirse afrontar los gastos que suponía emprender un viaje de esas características. Por otro, porque en esas fechas para un católico peregrinar a Jerusalén era una acción que fortalecía su posición social, más aún si como era el caso del Marqués de Tarifa era Caballero de Santiago, pues para cumplir con la regla de su orden debía mostrar públicamente y como un hecho digno de su alcurnia y posición, su agradecimiento por la conquista de Granada que había supuesto la unidad religiosa del país y el fin del dominio musulmán en el sur de Europa.

c) Razones de descubrimiento: nos revelarán al humanista y estarán centradas en la aventura que suponía el viaje a Jerusalén, unido a la incertidumbre que llevaba consigo la experiencia de conocer lugares nuevos y de enfrentarse a los peligros y dificultades del camino, siendo las inclemencias del tiempo durante su etapa marítima las más temidas. A éstas dificultades se unían los posibles ataques de bandidos y piratas, así como, las enfermedades a las que estaban expuestos los viajeros.

Estas razones también quedarán palpables en las descripciones que hace de los edificios civiles, hospitales, puertos y urbanismo de las diferentes ciudades por las que pasó, así como, en la emoción de descubrir y experimentar en primera persona el Renacimiento visitando las principales ciudades italianas.

Este descubrimiento supondrá una experiencia para D. Fadrique de la que intentará que quede memoria para siempre en su ciudad y lo hará, al volver de su viaje, a través del patrocinio de obras artísticas presentes en la escultura funeraria y en la arquitectura señorial doméstica sevillana. Con ello, gran parte del patrimonio cultural de la ciudad del Guadalquivir que se ha convertido en memoria viva del viaje del marqués a Jerusalén.

d) Razones de tipo económico y comercial: el marqués realizó también su viaje como un hombre de negocios interesado por afianzar su fortuna. Posiblemente, antes de salir de Sevilla, las relaciones de amistad con los banqueros genoveses que tenían sucursal en esta ciudad, le permitieron, tanto en su viaje de ida como de vuelta, establecer contactos con ellos así como diferentes mercaderes y la financiación de sus gastos de viaje. Entre sus intereses económicos estaban: el conocimiento del funcionamiento de las piscifactorías; el sistema de prestamistas y de sederías, abastecimientos de aceites, etc.

Imagen 2. Portada del Libro del viaje de peregrinación a Jerusalén del Marqués de Tarifa

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Sus negocios continuaron en Roma y en Génova. En la Ciudad Eterna llevó a cabo numerosas negociaciones con el papa Clemente xi que a cambio de importantes donativos, le concedió numerosas bulas y privilegios que complementaban las que ya le habían otorgado otros papas. En Génova se pondrá en contacto con banqueros y comerciantes que desarrollaban su actividad en al puerto de Sevilla con la intención, posiblemente, de establecer relaciones comerciales y crear una red de distribución de obras de arte.

  1. Llegada y estancia del Marqués de Tarifa en Jerusalén

Durante su estancia en Jerusalén, todas las expectativas de carácter religioso que el Marqués de Tarifa esperaba de este viaje se cumplieron al visitar emocionado los lugares por los que transcurrió la pasión y muerte de Jesús y lograr todas las indulgencias deseadas. Su viaje hacia esta ciudad comenzó el veinticuatro de noviembre de 1518 en Bornos (Cádiz). Como personaje noble y rico iba acompañado por un séquito formado por su mayordomo, un capellán y ocho criados9.

Su llegada a Venecia tuvo lugar el doce de mayo de 1519, donde permaneció casi dos meses impresionado por la ciudad de la que hace una detallada descripción en su diario. Desde allí, tras firmar un contrato con el patrón de la nao Coreça, la cual realizará el viaje junto a otra nao, la Dofina, partirá hacia Jaffa, ciudad denominada puerta de Jerusalén. Su llegada al puerto de esta ciudad se produjo en la madrugada del veintiséis de julio de 1519, después de veintiséis días de viaje. Tras desembarcar y realizar los trámites administrativos impuestos por las autoridades turcas y ser junto a los demás peregrinos, asesorado y atendido espiritualmente por los Guardianes del Monte Sión acerca de cómo debía comportarse en Tierra Santa, el Marqués de Tarifa, ya sin sus criados, a los que despidió al llegar a Jaffa, partió hacia Jerusalén el tres de agosto de 1519.

En su diario irá recogiendo todos los detalles del camino: geografía, clima, paisaje, estado de los edificios, lugares de descanso, pago de tasas a los musulmanes, limosnas, impuestos, características de los edificios destinados al descanso de los peregrinos, descripción de las iglesias y capillas, etc.

Las descripciones de la geografía y el paisaje son muy interesantes porque nos dan una visión casi fotográfica de los lugares por los que pasó hasta llegar a Jerusalén, desde la propia Ciudad Santa, así como de los lugares cercanos que visitó. Su llegada a Jerusalén tuvo lugar el jueves cuatro de agosto y se hospedó, junto con los demás pasajeros de la nao Coreça, en el Monasterio del Monte Sión. Los pasajeros de la Dolfina fueron hospedados en el hospital de Santiago, residencia del patriarca griego10. En su diario describe Jerusalén como: «una ciudad larga y angosta, tiene en largo oy mill y ochocientos pasos y en ancho mill y quinientos y dos avrá tres mil vecinos»11.

Continúa diciendo que en la Antigüedad toda ella se llamaba Monte Sión. Lo que en el momento de su visita se denominaba así era un grupo de tres montes denominados Gebuseo, el Calvario y el Monte Moria. Describe el Valle de Josafat, el Monte Sinaí, Belén, el monte de los Olivos, el río Jordán, del que dice que está sucio y que no va por su cauce natural porque los moros lo has desviado por otro..., señalando de todos ellos las características de su geografía.

A estas descripciones se unirá la visión espiritual y religiosa de los diferentes lugares del itinerario, así como, de los distintos templos y edificios que formaban parte de él. La Jerusalén que describe el Marqués de Tarifa era una ciudad en la que convivían cristianos católicos y ortodoxos de diferentes países con los musulmanes, los turcos, que dominaban la ciudad, pero también con los habitantes de Siria. Todos ellos convivían bajo una apariencia de tolerancia en la que subyacía fundamentalmente un interés económico. Por un lado los musulmanes, tanto turcos como sirios, cobraban una serie de impuestos a los peregrinos que había dado lugar a que se desarrollara una infraestructura para facilitar que su cobro se realizara sin problemas. Ésta era la razón por la cual cuando los peregrinos llegaban a Jaffa no podían bajar a tierra hasta que no eran contados, anotados y pagaban los impuestos señalados por las autoridades musulmanas.

Una vez en Jerusalén debían pagar impuestos para visitar algunos lugares del itinerario. Con este fin los musulmanes habían habilitado una única entrada en los edificios que formaban parte de la visita, con el objeto de controlar el pago que debían hacer, pues los peregrinos tenían que pasar obligatoriamente por ella de uno en uno. Estos impuestos suponían un ingreso para el gobierno turco, pero también para los comerciantes que vendían alimentos o alquilaban esteras a los viajeros para su descanso, así como para arrieros, traductores, etc. Por tanto, en términos actuales, los peregrinos eran para los musulmanes un turismo interesante que reportaba buenos ingresos, así era entendido y por ello se toleraba.

Los cristianos igualmente tenían un interés económico, pero lo llevaban a cabo disfrazado de caridad, es decir, a cambio de la atención física y espiritual a los peregrinos, éstos, agradecidos, daban a lo largo de su estancia una serie de limosnas a los franciscanos guardianes del Monte Sión. Estas limosnas eran consideradas por los peregrinos cristianos, como deja escrito el Marqués en su diario, absolutamente merecidas por la entrega y los sufrimientos que tenían que padecer los franciscanos por estar custodiando los Santos Lugares en una tierra dominada por los turcos expuestos siempre a peligros y a los malos tratos que frecuentemente recibían por parte de los musulmanes.

Sorprende como la espiritualidad y emoción religiosas trasforman la visión de los lugares y su percepción. Durante su estancia en Jerusalén D. Fadrique realizará los itinerarios previstos visitando los Santos Lugares de la mano de los guardianes del Monte Sión. En ellos se mezclarán escenarios del Antiguo y Nuevo Testamento con lugares de martirio y reliquias. Es curioso que la mayor parte, excepto los templos y las capillas situadas en su interior, estén descritos como un lugar en el que una gran piedra señala el acontecimiento o hecho religioso allí sucedido, que el Marqués describe siempre con un: « se dice que en este lugar…».

Item hacia la otra parte está un piedra alta que dizen, que fue el lugar a donde fueron echadas suertes sobre Sant Matías.

Item más adelante volviendo el esquina dicha hazia la pared de a man derecha poco desviado della, ay dos piedras desviadas la una de la otra donde dizen que en esos lugares estuvieron Nuestro Señor y su Madre predicando a los apóstoles12.

A través de sus descripciones podemos apreciar el estado de ruina en el que encontraba Jerusalén. El peregrino lo veía pero no lo no percibía, por estar embargado de sentimiento religioso al recibir indulgencia plenaria por un tiempo en cada parada del itinerario, reviviendo con emoción los hechos relacionados con la vida de Jesús, María, los apóstoles y mártires, así como pasajes del Antiguo Testamento.

Los datos que aporta el Marqués sobre los monasterios, templos y hospitales son también muy interesantes, ya que de nuevo ponen de manifiesto el estado de deterioro de los edificios. Describe el número de naves y capillas, pero hace alusión a que muchas partes estaban en ruinas o medio derribadas. Solo se detiene en analizar los materiales y la decoración de la Iglesia del Santo Sepulcro y de sus diferentes capillas, haciendo referencia a que en ella hay jaspe, mármoles y la entrada a una capilla es de latón en lugar de oro, para evitar que los musulmanes los robaran. También describirá numerosas reliquias y hablará de cómo los monjes llevaban a cabo la liturgia, la iluminación de los lugares en función de su importancia, etc.

En Jerusalén permanecerá hasta el día dieciséis de agosto visitando la ciudad y los alrededores, Belén, Betania, Galilea....13. El dieciocho de agosto el Marqués de Tarifa estaba de vuelta de Jaffa con el resto de los peregrinos que habían viajado en su nao.

  1. El viaje de vuelta

Don Fadrique organizó su viaje de vuelta en varias etapas marcadas por su estancia en las siguientes ciudades: Venecia, Nápoles, Roma y Génova, que constituyen, por diferentes razones, los puntos más importantes de su viaje de vuelta. Del itinerario seguido hasta llegar a cada una de ellas, hará en su diario una minuciosa descripción, tanto de los pueblos como las ciudades por las que pasó, recogiendo diferentes aspectos del paisaje, vida y costumbres de la Italia del siglo xvi.

  1. Primera etapa: de Jaffa a Venecia

El diecinueve de agosto de 1519 por la mañana embarcó en el puerto de Jaffa junto con el resto de sus compañeros de viaje, tras superar todos los problemas surgidos por el pago de impuestos que no estaban previstos en el contrato que habían firmado con el patrón del barco antes de salir de Venecia14. El día veinte, la nao Coreça puso rumbo a Venecia.

Hasta llegar a esta ciudad hicieron escala en Chipre, Rodas, las islas del mar Egeo, Zante, Zara e Istría. El espíritu analítico y la capacidad de observación del Marqués de Tarifa quedarán patentes de nuevo en las descripciones recogidas en su diario. De Chipre analizará de forma detallada sus fortificaciones y nos hablará con admiración de la ciudad de Nicosia, deteniéndose ampliamente en describir y hacer una crítica de los griegos: costumbres, lengua, organización social y forma de practicar la religión. De Rodas, donde llegaron el jueves veintinueve de septiembre, hará igualmente una detallada descripción de la isla, fortificaciones, casas, número de habitantes, pero, sobre todo, se detendrá en el análisis de todos y cada uno de los capítulos de la Regla de la Orden Hospitalaria, incluso hablará de la entrevista que mantuvo con su maestre, el fraile genovés Fabricio de Carreto15.

De esta isla zarparon el dos de octubre y se dirigieron hacia las islas del mar Egeo. Estando en Psicoia comenzó a hacer mal tiempo acompañado de tormenta y aguacero que hizo que estuviera a punto de naufragar la nave, impidiéndolo la rotura del trinquete y el papahígo de la vela mayor16. El mal tiempo continuó y el sábado día ocho desembarcaron en un lugar llamado Narangel.

El Marqués cuenta que desde allí marcharon a visitar el Castillo de San Pedro que estaba en territorio turco. Como era habitual, en las descripciones de los lugares por los que pasaba, habla de sus murallas y baluartes, iglesias y monasterios. Destaca que el castillo mantiene la paz con los turcos, como lo probaba el mercado que hacían cada semana. Señala que el alcayde debía ser siempre un hombre rico, en primer lugar porque el salario del año se cobraba de una sola vez, no todos los meses y en segundo para no caer en la tentación de vender cautivos cristianos a los turcos. Narra como el castillo era guardado con una jauría de perros que soltaban de noche, hecho que debió impresionarle17.

Zarparon el diez de octubre pero, al continuar el mal tiempo, la travesía se hizo más lenta, llegando a Zante el diecisiete de octubre, y allí permanecieron hasta el día veintiuno. A partir de este momento, cada una de las naves seguirá el viaje por separado y con mal tiempo llegaron a Zara el veintiocho de octubre. De ella dice que tiene trescientas sesenta islas y escollos. Finalmente la Coreça arribó a Parenço en Istría el dos de noviembre. Desde allí tomaron una barcaza hasta Venecia llegando a la ciudad de los canales el día cuatro de noviembre tras cuatro meses y cuatro días de viaje.

  1. Segunda Etapa: de Venecia a Roma.

A su llegada a Venecia, el Marqués peregrino y devoto se transformará en un viajero ávido de aventuras y conocimiento, deseoso de conocer y disfrutar el Renacimiento Italiano. En esta ciudad permanecerá dos meses. En su diario apenas cuenta nada de su estancia en la ciudad de los canales durante esta etapa del viaje, posiblemente porque ya había dejado en él una larga y detallada descripción de la misma en su viaje de ida.

Imagen 3. Vista de Venecia. Canaletto

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Lo cierto es que conocía la ciudad y en este tiempo terminaría asuntos que seguramente dejó aplazados para su vuelta, entrando en contacto con comerciantes y artistas, visitando y disfrutando la ciudad, y haciendo compras que luego llevaría a su casa de Sevilla. Está documentado que adquirió treinta y tres alfombras turcas con las que decoraría su casa18. Desde Venecia iniciará un recorrido por las principales ciudades italianas: Bolonia, Siena, Florencia y Roma dejándonos una visión detallada de su recorrido. Sobre Bolonia no hace ningún comentario, pues ya la había descrito ampliamente en el diario de su viaje de ida. De Florencia cuenta que es una ciudad grande, atravesada por un río, que tiene cuatro puentes de piedra, calles anchas y largas y muy buenas casas. Hace alusión a sus iglesias monasterios y hospitales y dice que es la segunda señoría después de Venecia, haciendo una descripción de su forma de gobierno. Sobre Siena recoge en su diario que fue fundada por Rómulo y Remo, describe la organización de la ciudad y presta especial atención a la descripción de su plaza situada delante del palacio de la Señoría.

A Roma llegó el día cinco de febrero, es curioso, pero no deja anotado en su diario nada sobre su estancia en la Ciudad Eterna. Es posible que la gran actividad tanto social como de negocios, que suponemos tuvo en esta ciudad, le impidiera continuar de forma regular su diario. Sea como fuere, lo cierto es que el Marqués de Tarifa no deja ninguna descripción ni relato sobre Roma, ciudad que conocía por los textos y que admiraba. Durante su estancia, la tradición y modernidad presentes en la personalidad del Marqués de Tarifa se volverán a ponerse de manifiesto, pues junto al humanista aparecerá de nuevo el peregrino deseoso de ganar todas las indulgencias posibles para lograr la salvación de su alma. Había viajado a Santiago y otros santuarios menores como Guadalupe y Montserrat, venía de Jerusalén y sólo le quedaba Roma para completar su ciclo como peregrino, ya que esta ciudad, junto con Jerusalén y Santiago eran los tres centros de peregrinación esenciales para cualquier caballero cristiano que contara con posibles para poder costearse los gastos del viaje, como era el caso de don Fadrique.

Durante su estancia romana cumplió sus objetivos como peregrino pero también como hombre de negocios. Dedicó mucho tiempo a visitar al Papa León xi, del que consiguió que le otorgara bulas y privilegios, entre los que destaca la dispensa de la obligación de presentar inventario de los bienes de las encomiendas de la Orden de Santiago que tenía a su cargo. Con ello quedaba libre de censura y podía ocultar los bienes que considerara oportuno. Durante su viaje de ida había recibido otras licencias papales. Concretamente, durante su estancia en Milán, el Papa León X le concedió una bula por la que se autorizada a los priores de los conventos de Sevilla y Bornos a excomulgar a todas las personas que usurparan a don Fadrique durante su ausencia cualquier bien, ya fueran joyas, grano de trigo o de cualquier otra clase. Así conseguía, bajo amenaza de excomunión, espantar a los potenciales ladrones de sus haciendas.

Imagen 4. Mapa de Roma. Hoefnagel. Civitatis Obis Terrarum

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El Papa Clemente vii, a cambio de importantes donativos, le concedió numerosas indulgencias y privilegios, le entregó numerosas reliquias y lo liberó de ciertas obligaciones que tenía por ser caballero de Santiago. De interés para D. Fadrique fue especialmente la prerrogativa concedida por la que no tenía que responder del uso de las rentas eclesiásticas para fines profanos.

De esta forma, el Marqués de Tarifa, durante su estancia en Roma, cerraba su ciclo como peregrino y se garantizaba la salvación de su alma, pero también aseguraba sus bienes terrenales y su fortuna19.

  1. Tercera etapa: de Roma a Génova

El día cinco de mayo dejará Roma continuando el viaje hacia el sur dirección Nápoles. Su interés por conocer esta ciudad era de descubrimiento, ya que en aquellos momentos se consideraba, junto con París y Sevilla, una de las ciudades más importantes de Europa. De ella nos dice en su diario que era una ciudad grande, más bella desde fuera que desde dentro y que sus calles eran anchas. Como es habitual, describe sus fortificaciones, puerto, iglesias, monasterios, hospitales y señala que en ella tienen casa todos los «principales del Reyno». Le llama especialmente la atención la Iglesia Mayor en donde se encontraba la cabeza de San Jenaro y cuenta como la cosa más maravillosa que había visto nunca, la licuación de la sangre del santo, la cual dice que él mismo presenció. Igualmente hace referencia al enterramiento de Lanzarote de Lago.

Imagen 5. Mapa de Nápoles. Franz Hoefnagel. Civitatis Obis Terrarum

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Más al sur, fue por mar a visitar unos baños de agua caliente de azufre con propiedades curativas a los que acudían muchos enfermos en busca de sanación. Hace una descripción de cada una de las salas del baño y narra que es un lugar en el que hay muchas antigüedades. Desde allí volvió a tomar el camino para dirigirse de nuevo al norte, concretamente a Génova, pasando por Capua, Ferrara y Asís, donde visitó la tumba de San Francisco. Pasó también por Pisa, ciudad de la que dice que está ubicada en el mejor lugar de Italia. Alaba su paisaje y recuerda su vinculación con Jerusalén, pues allí había visto el Castil de Pisanos y también hace referencia a su torre inclinada. En Florencia pasó dos días y partió de esta ciudad el día de San Pedro. Llegó de nuevo a Bolonia el ocho de julio. De esta ciudad en el diario de su viaje de vuelta no dejará ninguna descripción, porque ya la había descrito ampliamente en el diario del viaje de ida. Sabemos que pasó allí la Semana Santa y que adquirió algunos libros, entre los que destacaban tres biblias traducidas al castellano.

Imagen 6. Mapa de Génova y Florencia. Frabz Hoefnagel. Civitates Orbis Terrarum

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  1. Cuarta etapa: de Génova a Sevilla

Tras pasar por Parma y Pavía, a finales de julio estaba en Génova. Su interés por visitar esta ciudad era de carácter comercial y de negocios. Tenía dos finalidades concretas. La primera encargar los sepulcros de sus padres a artistas genoveses. El Marqués de Tarifa conocía el Renacimiento a través de estampas, ilustraciones de libros y por las noticias que sobre él le había transmitido Pietro Mártir de Anglería.

En Sevilla el gótico y el mudéjar eran los estilos presentes en la ciudad, aunque el Renacimiento iba introduciéndose poco a poco a través de los encargos que la nobleza hacía a artistas italianos, especialmente de escultura funeraria y de elementos arquitectónicos aplicados a la arquitectura doméstica (ventanas, fuentes, columnas, portadas, etc.). La primera obra renacentista llegó a Sevilla de la mano del Conde de Tendilla. Este noble se encontraba en Italia en 1502 y encargó el sepulcro de su hermano el arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza al escultor Doménico Fancelli. El encargo estaba terminado en 1510 y Fancelli viajó a Sevilla para asentarlo en la Capilla de la Antigua de la Catedral. La tipología de sepulcro realizado por este escultor se puso de moda entre la nobleza sevillana. El Marqués de Tarifa lo conocía y decidió dar culto a la memoria y la fama de sus padres encargando a la «manera nueva» sus sepulturas. Su deseo era que, una vez realizadas, se asentarán en el lugar de enterramiento familiar, en el Monasterio de las Cuevas de Sevilla, donde en 1491 su padre había solicitado el derecho de enterramiento para él y sus descendientes.

Imagen 7. Sepulcro del Cardenal Hurtado de Mendoza. Catedral de Sevilla

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Permanecerá en Génova veintiseis días y durante su estancia encargará los sepulcros de su padres al taller de los canteros y escultores Gazzini, uno de los más importantes de la ciudad. Conocía y admiraba su obra pues había tenido oportunidad de verla en la visita que realizó durante el viaje de ida a la Cartuja de Pavía20. Pero además de este objetivo tenía otros intereses de carácter comercial. Con este fin visitó a importantes mercaderes genoveses vinculados al comercio con el puerto de Sevilla, para llevar a cabo posiblemente acuerdos y realizar algunas transacciones. Estos quehaceres no le apartarán de su diario y en él dejará plasmada la siguiente descripción de la ciudad:

La ciudad es/ muy hermosa por de fuera y común/mente todas las casas son buenas; /las calles son angostas, harto ás/peras de andar, porque son cuesta ar/riba, y las cassas muy altas, de ma/nera que en la calles no ay sol; tie/ne muchos aposentamientos por causa de los muchos altos, unos so/bre otros, porque el sitio de cada ca/sa es poco de fuera. Tienen todos los/ más muchas casas que llan (sic) villas, /mejor que que no las de Florencia y/con gasto, lo que las de Florencia no/ tienen sino utilidad. Todo alderre/dor es muy áspero, que las huertas/ hacen sobre peña; comúnmente gastan/ en una casa de dentro y en otra de fu/era el tercio o el quarto de su caudal. Todos andan a pie por la ciudad, las /mujeres son más liberadas que /en Ytalia; están siempre en la ca/lle asentadas hablando con quan/tos quieren hablalles y, aunque/ sus maridos los vean se pasan de/lante, andan por la ciudad hasta/ una ora o dos de la noche y quando/ quieren cabalgar cabalgan solas/ o con una vieja en otra mula en/ sillas de hombres. Ellos no hay nin/guno que no ande enamorado y/ en el invierno gastan ellos mucho/ en el vestir, porque la mujeres /las noches comúnmente se juntan/ unas en casas de obras a ver plazer y van ellos allí sus maridos/ les dan largamente los que es menester21.

El Marqués partió de Génova el día diecisiete de agosto de 1520. Había cubierto todos los objetivos de su viaje y desde allí continuó hacia nuestro país. A pesar de que había recorrido muchísimos kilómetros en su afán de aventura y conocimiento decidió cambiar la ruta de entrada a España y en lugar de hacerlo por Cataluña lo hizo por Bayona. Este hecho le permitió conocer todo el sur de Francia y algunas ciudades del norte de la península. De Bayona salió el diecinueve de septiembre e hizo escalas para descansar en Tolosa, Vitoria, Burgos, Valladolid y Guadalupe y «de ay a Sevilla».

Tardó únicamente diez días, sin contar los descansos, en cruzar la península de norte a sur, tras haber recorrido catorce mil quinientos kilómetros, muchos de los cuales realizó a pié, otros a caballo o en mula, en barca por los ríos franceses, en barco desde Venecia a Jaffa y en carretas. Todo ello quedó recogido en el diario de su viaje, que constituye un testimonio muy interesante por sus anotaciones sobre sistemas defensivos, puertos, características geográficas, clima, culturas, costumbres, urbanismo, tipología de las casas, fiestas, formas de gobierno, etc. Todo ello unido a las observaciones que dejó escritas sobre la incipiente industria que pudo observar en diferentes ciudades, entre las que podemos citar la hilatura de la seda, salinas, minas, manantiales así como formas de explotación artesanales muy distintas a las que había en España.

  1. Llegada a Sevilla: la influencia del viaje de peregrinación a Jerusalén del Marqués de Tarifa en el patrimonio cultural de Sevilla.

El viaje de peregrinación del Marqués de Tarifa a Jerusalén tuvo sobre el patrimonio cultural sevillano una influencia, tanto directa como indirecta. Llegó a Sevilla aproximadamente a finales de septiembre de 1520. Había sido una experiencia definitiva en su vida y don Fadrique se sentía orgulloso de haber sido capaz de llevarla a cabo. Por esa razón quiso que su memoria y su fama quedaran para siempre unidas a esta experiencia viajera. Para ello, mandó que pusieran la Cruz de Jerusalén en la fachada de su casa sevillana y en el patio de su Castillo de Bornos, cruces que han permanecido hasta nuestros días.

Imagen 8. Cruz de Jerusalén en la crestería de la fachada de la Casa de Pilatos (izquierda)
y en el patio del Castillo de Bornos (derecha)

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Este hecho no fue suficiente y para mantener más vivo el recuerdo de su estancia en la ciudad Santa, que tanto le había emocionado, quiso revivir en Sevilla los momento de la Pasión, rememorados por los peregrinos en la Vía Dolorosa. Con este fin organizó un Vía Crucis, para otorgarle categoría y obtener así el mayor número de devotos, solicitó al papa Clemente vii que les concediera indulgencias plenarias a todas las personas que participaran en él. Comenzó a celebrarse en 1521 y la procesión salía de su casa, cada uno de los siete viernes de Cuaresma. La primera estación estaba en una sala que denominó de la Flagelación, razón por la cual el palacio se conoce popularmente como la casa de Pilatos y, terminaba en un templete situado en la Cruz del Campo22 .

Imagen 9. Pinturas que representan el Templete del Humilladero la Cruz del Campo

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Esta iniciativa del Marqués fue calando en la población y varias hermandades de penitencia se fueron sumando al Vía Crucis, como la cofradía de los «individuos negros» de la capilla de Nuestra Señora de Los Ángeles conocida como «Los Negritos», que aún continúa procesionando por Sevilla cada Semana Santa; la del Traspaso de Nuestra Señora de San Benito; la del Cristo de San Agustín; así como otras que se fueron creando con posterioridad. En 1536 don Fadrique adquirió el Humilladero y desplazó su ubicación con el fin de que la distancia entre su casa y éste fueran los mil trescientos veintiún pasos que se dice que recorrió Jesús desde la Casa de Pilatos al Calvario. El Vía Crucis se continuó celebrado hasta su muerte acaecida en 1539. A partir de ese momento, la participación en el mismo fue decayendo en beneficio de las penitencias y disciplinas públicas que organizaban distintas cofradías extramuros de la ciudad23. En 1625 un heredero de don Fadrique restaurará el Vía Crucis, cuyas normas fueron dictadas por el Arzobispo de Sevilla, don Diego Guzmán. La primera estación se señaló en la fachada del palacio con una cruz de jaspe y la número doce, la última, estaba en la Cruz del Campo.

Imagen 10. Cruz situada en la fachada de la Casa de Pilatos que señala
la primera estación del Vía Crucis

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Poco a poco fue cayendo en el olvido, pero en su afán por mostrar su faceta como peregrino y trasladar el ambiente de Jerusalén a Sevilla, el Marqués colaboró de forma indirecta en uno de los factores que dieron lugar con el tiempo, a la configuración de la actual Semana Santa sevillana, patrimonio inmaterial, cuya fama ha traspasado fronteras, vinculada en ciertos aspectos a la influencia que tuvo en la ciudad el viaje de peregrinación a Jerusalén del Marqués de Tarifa.

También su viaje influirá de forma directa en la llegada del Renacimiento a Sevilla y a su difusión por otros territorios de la Península. Cuando el Marqués decidió ir en peregrinación a Jerusalén, Sevilla era una de las ciudades más importante de Castilla, tanto política como económicamente. Había dejado de ser «la fortaleza y mercado» de los tiempos bajomedievales para convertirse en la «puerta de las Indias» de los tiempos modernos24. Contaba con una abundante población, muy diversa, compuesta por aventureros, comerciantes, pícaros, marineros y toda clase de personas y oficios que, atraídos por la riqueza que llegaba de América, se habían instalado en la ciudad.

En el siglo xv el estilo gótico y el mudéjar tenían una gran presencia en la ciudad. Será en el siglo xvi cuando comience a llegar de mano de la nobleza, el Renacimiento, favoreciendo su llegada a través de los encargos que hacían a los artistas italianos, centrados fundamentalmente en la escultura funeraria y en la arquitectura doméstica, haciéndose presente de esta manera en Sevilla la tradición y modernidad que caracterizan este periodo histórico.

Don Fadrique patrocinará obras de ambas tipologías que se han convertido en memoria viva de su viaje a Jerusalén, colaborando con ello de forma directa a la llegada del Renacimiento a Sevilla y a su difusión al resto del país.

Como ya hemos señalado el Marqués de Tarifa encargó los sepulcros de sus padres al taller de los Gazzini y comenzaron a tallarse por Pace Gazzini que terminó el doña Catalina. Su muerte acaecida en 1522 le impidió terminar el de don Pedro, que fue finalizado por Antonio María Aprili. En 1525 este artista viajará a Sevilla a asentar los sepulcros en la Iglesia de la Cartuja de Santa María de las Cuevas25. Adosados a la pared presentaban la figura del yacente, enmarcada por un arco de triunfo, con motivos alegóricos, religiosos y mitológicos que hacía alusión a las virtudes morales y políticas de ambos26.

Los sepulcros causaron un gran impacto en la ciudad y sirvieron de modelo para otros muchos que se realizaron. A partir de ese momento se multiplicarán los encargos de este tipo a los talleres genoveses, hecho que tendrá su repercusión en la economía sevillana, pues favoreció la creación de una red comercial que se iniciaba en Génova desde donde partían hacia Sevilla numerosas obras de arte encargadas a los artista genoveses y desde allí eran enviadas a diferentes lugares de la península, en la que posiblemente intervendría D. Fadrique.

En cuanto a la arquitectura doméstica, el Marqués realizará cambios y reformas en su vivienda con elementos renacentistas que igualmente tendrán una gran influencia en la ciudad del Guadalquivir. Sevilla estaba aún «fuertemente islamizada en el ámbito de lo doméstico cuya mayor novedad estilística la constituía el gótico rezagado de la catedral»27. Las casas conformaba un extenso caserío y su trazado era diferente en algunos sectores. La mayoría de ellas mantenían sus estructura de tradición islámica y mudéjar y su tipología iba desde modelos compuestos por pocas habitaciones y un pequeño patio con acceso desde calles estrechas, hasta otros de mayores dimensiones cuyas estancias se desarrollaban en torno a amplios patios, corrales e incluso huertos.

Imagen 11. Perspectiva de la casa de Pilatos

Planta baja: 1. Patio principal. 2 Capilla de la Flagelación. 3. Salón del Pretorio. 4. Colección escultórica. 5. Jardín chico. Planta alta: 1. Gabinete de Pilatos. 2. Jardín Grande o Palacio del I Duque de Alcalá.
3. Escalera principal. 4.

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Fuente. Fundación Casa Ducal de Medinaceli.
http://www.fundacionmedinaceli.org/monumentos/pilatos/descubra_apuntes.aspx

La casa del Marqués de Tarifa era una casa señorial situada en la collación de San Esteban. Había sido construida por sus padres, D. Pedro Enríquez y D. Catalina de Ribera, sobre un solar que adquirieron en el año 1483, situado en la mencionada collación. Levantada en estilo mudéjar, los elementos de tradición islámica estaban muy presentes en ella. Sucesivas compras hicieron que se pudiera ir ampliando la vivienda, agregándole al primitivo edificio salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida de una nobleza que poseía grandes riquezas, como era el caso del Marqués de Tarifa. Durante su estancia en Italia había conocido las grandes casas y palacios italianos construidos a la «nueva manera» y para dar culto a su fama y mostrar su posición social decidió reformar su casa transformándola en un palacio28.

Cuando en 1525 estuvo en Sevilla, Antonio María Caprile, para asentar los sepulcros de sus padres, se llevó para Génova numerosos encargos. Entre ellos llevaban uno del Marques, la realización de trece columnas de mármol. Este será el primer contrato de elementos arquitectónicos que haga para reformar su casa. En 1529 volverá a encargar a los genoveses treinta y dos columnas, más dos fuentes con tazas ochavadas, una portada para su palacio y varios sepulcros para sus antepasados.

Don Fadrique comenzó la reformar de su casa desde la entrada. Ésta, como era habitual en la arquitectura de tradición musulmana, presentaba una fachada cerrada al exterior con apenas huecos y sin ningún signo que mostrara el estatus social de su dueño, que se abría al exterior por una angosta puerta. Sobre ella mandó colocar una portada en forma de arco de triunfo con la que modificó por completo la lectura de la fachada. El Marqués quiso mostrar a través de ella su linaje colocando, con este fin, la heráldica de los Ribera. También quiso dejar memoria de su vida y acciones mostrando de nuevo la tradición y la modernidad. La primera en los elementos que hacen alusión a sus obras piadosas como fue su viaje de peregrinación a Jerusalén y las segunda en los elementos que nos lo muestran como un humanista amante de la cultura clásica y del Renacimiento, razón por la que en la portada aparecen los tondos con los bustos de los emperadores Trajano y Adriano, ambos sevillanos, en clara alusión a sus principios clasicistas.

Las reformas también se realizaron en le interior de la casa. Desde la entrada y atravesando un apeadero se accedía a un patio rectangular, organizado en torno a una alberca con un pórtico en cada uno de los lados menores soportados por pilares. D. Fadrique había comprado entre 1517-1518 las casas colindantes, esto le permitió agrandar el patio dándole forma cuadrada y levantar un pórtico en cada uno de los laterales, con arcos de medio punto que apeaban sobre las columnas de mármol, que habían sido realizadas en Génova. En el centro situó una fuente con un relieve de delfines que también había sido realizada en la misma ciudad29.

Imagen 12. Fachada de la Casa de Pilatos

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Imagen 13. Patio Principal de la Casa de Pilatos

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Como hemos dicho anteriormente, las casas solían ser de un solo piso y en el caso de la de D. Fadrique las estancias principales daban al patio. Pero rompiendo con la tradición, mando construir una segunda planta para pasar el invierno, dejando las habitaciones del patio como zona de verano. Ambas plantas se comunicaban por una sencilla escalera de caracol. Con el correr de los años el Marqués pasaba más tiempo en la parte de arriba y se decidió darle un carácter más monumental a la escalera, ya que era zona principal de paso a sus aposentos, que era utilizada por él pero también por las personas que recibía.

Ésta será una de las grandes novedades de la reforma, pues la escalera de la Casa de Pilatos es un ejemplo extraordinario de escalera asimétrica y a la vez de caja abierta y cerrada.

Imagen 13. Escalera de la Casa de Pilatos

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También mandó crear un espacio que supuso una auténtica novedad en la arquitectura doméstica sevillana, pues esa tipología no existía hasta ese momento, el denominado «guardarropa» mezcla entre biblioteca, gabinete de coleccionista y estudio. Consistía en una habitación rectangular dividida en tres naves por dos filas de columnas, cuyo modelo sin duda se inspiró las bibliotecas monásticas que el Marqués había visitado durante su peregrinación30.

Como sucedió con los sepulcros de sus padres, el impacto que causaron en Sevilla estas novedades fue muy grande, especialmente por la utilización como material del mármol, pero también por el nuevo concepto de espacio pensado para unas nuevas relaciones sociales en las que la arquitectura y los elementos decorativos de las viviendas daban información sobre el linaje, los gustos, las acciones y la importancia social de su dueño31.

  1. Conclusión

El viaje de peregrinación a Jerusalén será para el Marqués de Tarifa una experiencia única que dejará en él una profunda huella. Con él, su estatus social y su fama se reforzaron y quiso que quedara para siempre testimonio de ello mostrando de nuevo la tradición y modernidad presentes en su época y en su personalidad.

Su viaje no fue un viaje al uso, con un objetivo únicamente religioso, sino que tenía unos objetivos más amplios propios de un personaje de su riqueza y posición social. Hizo presente en Sevilla la imagen de Jerusalén en su deseo de que lo recordaran como peregrino y su Vía Crucis será uno de los factores que favorecerán configuración de la actual Semana Santa Sevillana.

Fue también un viaje de negocios con el que D. Fadrique garantizó sus riquezas y propiedades; de descubrimiento, pues conoció diferentes países, distintas formas de gobierno, diferentes configuraciones urbanas, costumbres y tradiciones, otras formas de producción artesanal muy diferentes a las que se realizaban en nuestro país, industrias que comenzaban como las hilaturas de la seda, minas, salinas, y aguas termales; y de aventura, por los trances causados por las inclemencias del tiempo, la enfermedad o el peligro que suponía la cercanía de los turcos.

Todo ello bajo el común denominador de su sentimiento religioso como católico, en el que su formación como humanista sembraba la duda ante milagros y apariciones. Durante el mismo completó su formación humanística conociendo en primera persona el Renacimiento, cuyas nuevas formas y estilo llegaron a Sevilla a través de los encargos que realizó a artistas italianos, mostrando a través de ellos su modernidad y estatus social. Estos encargos serán fundamentales para la llegada del Renacimiento a la ciudad del Guadalquivir donde ha permanecido a través de los siglos, en la presencia de diferentes bienes que componen su patrimonio material e inmaterial, la memoria del viaje de peregrinación a Jerusalén del Marqués de Tarifa.

Los sepulcros de sus padres constituyen obras de arte únicas que hoy forman parte del patrimonio contenido en la Iglesia de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Allí en la sala Capitular los asentó Antonio María Caprile en 1525 donde permanecieron hasta que tras la Desamortización de Mendizábal fueron trasladados a la cripta de la iglesia de la Anunciación. Los sepulcros fueron devueltos a su ubicación original tras las obras de rehabilitación de la Cartuja en 1992.

También influirá su viaje a Jerusalén en la transformación urbana de Sevilla y en la evolución de la arquitectura doméstica de esta ciudad. La reforma de su casa supuso una gran novedad, no solo por la utilización de nuevos materiales, sino por el nuevo concepto de espacio como lugar de relación. Transformó su casa en un palacio, imponiendo un modelo de fachada que fue muy imitada en la ciudad. Declarada Monumento Nacional desde 1931 forma parte del patrimonio sevillano y curiosamente en ella están unidas las dos facetas propias de la personalidad del Marques de Tarifa. La de peregrino patente en el nombre con el que es conocido popularmente el palacio «la casa de Pilatos» y la de humanista presente en el nuevo concepto de vivienda, entendido no sólo desde el punto de vista formal, sino en el de sociabilidad y habitabilidad.

Por estas razones su nombre y su peregrinación a Jerusalén han quedado y quedarán para siempre unidos a la ciudad de Sevilla formando parte de su patrimonio cultural y mostrando las tradición y modernidad que caracterizaron su época.

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Riber, L. (1964), El humanista Pedro Mártir de Angleria. Barcelona: Editorial Barna.

Notas

1. Martínez, 1994: 379-404.

2. Don Pedro Enríquez, padre del Marqués de Tarifa, descendía de los Enríquez antiguo linaje castellano muy bien posicionado social y económicamente. Su hermana Juana Enríquez estaba casada con Juan II de Aragón y era la madre de Fernando el Católico. Don Pedro se casó en primeras nupcias con Beatriz de Ribera con la que tuvo un hijo don Juan Enríquez y en segundas con la hermana de ésta Catalina de Ribera, hecho que le permitió controlar el patrimonio de los Ribera. Estas circunstancias unidas a su parentesco con los Mendoza y los Medina Sidonia le llevaron a ser uno de los miembros más importantes de la sociedad sevillana de mediados del siglo xv, ejerciendo desde 1495 el cargo de adelantado Mayor de Andalucía. El momento más importante de su biografía llegará con la subida al trono de los Reyes Católicos pues era primo hermano de don Fernando y este parentesco favorecerá su pujanza y protagonismo en la vida política de la ciudad y de Andalucía. González, 2001: 79.

3. González, 2001: 80.

4. Álvarez, 1986:1-39.

5. Contaba con la amistad de Juan de la Encina, Lucio Marineo Sículo y Micer Francisco Imperial. Álvarez, 1986:1-39. Pietro Mártir de Angleria, insigne humanista lombardo llegó a España en el año 1487 de la mano de don Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, al que había conocido durante su estancia en Roma. Riber, 1964.

6. El Renacimiento llegó a nuestro país tarde. La Reina Católica no era partidaria del «arte nuevo» sino que era una gran defensora de gótico al que consideraba el arte del Estado. En el ambiente social, político, cultural y artístico de la Sevilla de finales del XV, comienzos del XVI, permanencia de la tradición medieval presente en el reinado de los Reyes Católicos, aunque a la vez la modernidad iba llegando con la introducción de elementos renacentistas de la mano de la nobleza que de forma paulatina iba haciendo llegar a Sevilla las obras realizadas en los talleres de artistas italianos. Arías, 2009: 111.

7. García, 2005.

8. García, 2005: 113 y 115.

9. García, 2005: 62.

10. «El hospital era la manifestación más típica de la caridad para con los peregrinos. (...) no descartaba curar a los enfermos, pero su actividad característica principal era la asistencia al anciano, al pobre, al necesitado y al peregrino. No en vano era éste (...) un pobre voluntario y un hermano necesitado de ayuda y protección en un país lejano y lleno de peligros (...). Las comodidades materiales que se ofrecían a los peregrinos eran un techo, un jergón para dormir, un hogar (...) participar en las oraciones dentro del hospital o capilla aneja y la certidumbre de disponer del imprescindible consuelo religioso en caso de hallarse en trance de muerte». Cherubini, 1998: 43.

11. Enríquez de Ribera, 1616: 68v.

12. Estas visitas las podemos considerar en el lenguaje de nuestros días, excursiones programadas. Como hoy en día en cualquier viaje organizado, la peregrinación a Tierra Santa se había convertido en una gran fuente de ingresos a los poderosos de la zona. Por ello, se organizaban itinerarios «básicos» desde la salida, siempre previo pago, así como otras rutas opcionales, también previo pago. Andrades, 2001: 2.

13. Enríquez de Ribera, 1616: 158.

14. «Nos embarcamos que fue a causa de los patrones, porque cuando íbamos a embarcar nos hacían tornar los moros de la orilla del agua hasta que pagásemos tres marquetes y algunos ovo que les hizieron pagar tres vezes y aún a mi sobre aver pagado dos vezes y, que me avían tomado en los braços para entrar en la barca y, estando ya dentro en el agua, travaron de mi i dieron conmigo en el agua, sino que acaso llevaba tres marquetes en la mano y con esto me dexaron». Enríquez, 1616: 112 vuelta.

15. Enríquez de Ribera, 1616: 112.

16. Cualquiera de las velas mayores, esto es, la mayor y el trinque, cuando se navega con ellas solas. es.wiktionary.org/wiki/

17. Enríquez de Ribera, 1616: 209v.

18. Andrades, 2001: 2.

19. Entre las bulas, licencias y privilegios que recibió el Marqués de Tarifa de los Papas destacar: Alejandro VI: Visita de clausuras. Bula a Catalina de Ribera para construir un hospital de mujeres. Julio II: Confesional grande. A través de la misma, el confesor que eligiera, le podía absolver de cualquier pecado, incluidos aquellos reservados al perdón de la Santa Sede, también le eximía de algunas obligaciones que tenía como miembro de la Orden de Santiago. León X: licencia a los priores de los conventos de Sevilla y Bornos para excomulgar a las personas que le robaran muebles, joyas, grano o cualquier otra propiedad durante su peregrinación. Indulgencia en forma de jubileo para todo el que diera limosna para el Hospital de las Cinco Yagas. León XI: dispensa para no tener que inventariar los bienes de sus encomiendas de la Orden de Santiago. exención de culpa si ocultaba algún bien de la Orden. Clemente VII: bula para que lo absolvieran los priores del Monasterio de Nª Sra. del Rosario de Bornos y San Agustín y el Carmen de Sevilla de los gastos profanos en los que empleó las rentas eclesiásticas de sus encomiendas de la Orden de Santiago. Confesional grande para que quedara absuelto plenariamente cada vez que confesara sus pecados. Dispensa de ayuno en épocas determinadas, con obligación de entregar un real de plata a los pobres, cada vez que en tiempo vedado comiese. Indulgencia plenaria a quien participe en el viacrucis de la Casa de Pilatos. Ortiz, 1988.

20. Enríquez de Ribera, 1616: 243r 243v.

21. Andrades, 2001: 3.

22. González, 1992.

23. Partían desde sus respectivos templos y tomaban la calzada romana de Carmona, hasta llegar a La Cruz del Campo. Con el tiempo, surgieron fuertes disputas entre ellas. Además, al discurrir por lugares deshabitados, al anochecer, eran frecuentes los «actos deshonestos» realizados por desaprensivos, que aprovechaban la oscuridad y la concentración de personas. La situación llegó hasta un punto en que el cardenal Niño Ladrón de Guevara, se vio obligado a intervenir, disponiendo en 1604 que todas las hermandades de penitencia de Sevilla hicieran estación hasta la Catedral y las hermandades de Triana la hicieran hasta la iglesia de Santa Ana. Hubo hasta advertencia de excomunión para quien no cumpliera dichas normas. González, 1992.

24. El referido templete de La Cruz del Campo, fue levantado por orden del Asistente Diego de Merlo en 1482, que, por entonces, reconstruía en aquel entorno los Caños de Carmona y para lo que contó, probablemente, con la participación de obreros mudéjares de las cuadrillas que disponía para el mantenimiento de los Reales Alcázares y las Atarazanas. González, 1992.

25. Desde 1481 hasta 1625, todos los miembros de la familia Enríquez de Ribera, fueron enterrados en la Iglesia del Monasterio de la Cartuja. En 1625 Ese año de 1625 se produjo la unión de esta casa con la de Medinaceli y, a partir de entonces, el lugar de sepelio de los componentes de la familia cambió. Tras la Desamortización de Mendizábal en 1840 los sepulcros fueron trasladadas a la Iglesia de la Anunciación donde estuvieron hasta 1991, fecha en la que fueron de nuevo instalados en la iglesia de la Cartuja de las Cuevas. AA.VV., 2012: 24.

26. En el de don Pedro Enríquez, aparecen santos relacionados con su actividad guerrera, alegorías paganas de la muerte -Hypnos y Thanatos- y la presencia de símbolos neoplatónicos que completan un erudito programa en homenaje al difunto. Similares características presenta el de su esposa doña Catalina de Ribera, en el que los temas religiosos y paganos se mezclan para reflejar, en clave humanística, un retrato alegórico-moral de la difunta. Aranda, 2005a: 12.

27. Aranda, 2005.

28. Aranda, 2011b: 138.

29. Todo ello quedó instalado en 1533.

30. Lleo 2001b: 101-110.

31. Su influencia está presente en otras casas sevillanas de la época como la que se construyó Hernando Colón que indago una portada a Génova como la de la casa del Marqués de Tarifa. Pero su influencia mayor será en el Palacio de Dueñas, propiedad en aquellos años de su hermano, el cual al ver la reforma de la Casa de Pilatos inició la reforma de la suya con mármoles genoveses y pinturas murales. Lleo 2001b: 101-110.

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eISSN 2340-2547 | ISSN. 1696-585X | Depósito legal: GR: 121-1959.

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