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Los noviazgos en la Salónica sefardí de entre finales
del siglo xix y principios del xx

The engagements in the Sephardic Thessaloniki from the late nineteenth and early twentieth centuries

Elena Romero

elena.romero@cchs.csic.es
CSIC, Madrid

Recibido: 15-12-2014 | Aceptado: 20-05-2015

Resumen

En el presente artículo se aborda un tema hasta ahora poco tratado: los noviazgos en el mundo sefardí del Imperio otomano y cómo afectaba el proceso al entramado familiar. Para la exposición se usan diez textos –8 en prosa y 2 en verso–, todos ellos escritos por varones, en los que se muestran las visiones contrapuestas de los padres de familia y de los jóvenes casaderos. Los textos aparecieron en el periódico de Salónica La Época entre 1889 y 1908. Serán tales textos los que de una forma cercana a su realidad ambiente nos transmitan lo que al respecto sucedía en aquellas comunidades sefardíes hoy desaparecidas.

Palabras clave: Literatura sefardí aljamiada; sociología sefardí de los Balcanes; los noviazgos y las dotes; periódico sefardí de Salónica: La Época; poesía sefardí.

Abstract

In this article I deal with a topic that, up to the date, has received little attention: the courtships in the Ottoman Sephardic world, and how they affected to the family network. Ten texts –eight in prose, and two in verse–, written by men and published between 1889 and 1908 in the Thessaloniki newspaper La Época, are handled. In them, the opposed points of view of parents and marriageable youngsters are shown. These texts will transmit us closely, what happened in those disappeared communities in relation with that topic.

Key Words: Sephadic Literature un Hebrew script; Sephardic Sociology in the Balkans; Courtships and dowry; Thessaloniki Sephardic Newspaper: La Época; Sephardic poetry.

Agradecimientos

El presente artículo se ha elaborado en el marco del Proyecto de Investigación del Plan Nacional I+D+I: «Sefarad siglo xxi (2013-2014): Edición y Estudio Filológico de Textos Sefardíes» (MINECO, FF2012-31390).

cómo citar este trabajo | how to cite this paper

Romero, E. (2015), Los noviazgos en la Salónica sefardí de entre finales del siglo xix y principios del xx. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 64: 183-212.

Un texto similar lo presenté de forma abreviada como comunicación en un congreso celebrado en 2013 dedicado a la familia, la sociedad y la vida diaria en el mundo sefardí1. Entonces me pareció oportuno abordar un tema cuyo estudio dista mucho de estar agotado ni de quedar rematado con el presente artículo: el de los noviazgos en el mundo sefardí de los Balcanes. Hora es ya de sacar a luz dicho texto que permanecía inédito. En el que aquí presento he ahondado algo más en el asunto, aportando más materiales sobre algunos de los problemas que las relaciones prematrimoniales suscitaban dentro del entramado familiar sefardí, en este caso de la Salónica de entre siglos.

Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que lo mejor es dejar hablar a los textos coetáneos que son los que de una forma próxima a lo que fue su realidad cotidiana nos transmiten las experiencias y vicisitudes de aquellas comunidades sefardíes hoy desaparecidas. Tales textos van acompañados de mis comentarios.

Para mi exposición me sirvo de diez textos –8 en prosa, que presento cronológicamente, y 2 en verso, en los que no respeto la cronología–, todos ellos escritos por varones –lo cual en este caso es especialmente significativo–, que aparecieron en el periódico de Salónica La Época entre 1889 y 19082. El artículo se completa con un Glosario, en el que incluyo las palabras que me parecen necesarias para la comprensión de los textos, y con una Bibliografía.

  1. Los noviazgos en 1899 y 1900

Veamos para empezar lo que nos dice en su artículo Espośorios quien se firma AMF (en letras latinas) en La Época 25:1211 (viernes 23 ḥešván 5660 / 27 oct. 1899) p. 4a:

Como todas las cośas en las cualas mos topamos atraśados, la cuestión de los espośorios es una de las más importantes. En muestra civdad se espośan ĝeneralmente «para pasar la hora»3. Un mancebo que no topa qué haćer se da en mano de coredor y, después de mil entrevistas, él ariba a escoǵerse una novia, la caśa de la cuala deviene presto su caśa: ahí come, ahí durme, ahí se lava, ahí viste, ahí haće todo, en fin. Ma pasando un cierto tiempo, después de haberse comido y bebido a los pobres parientes de la muchacha, él se deǰa4 por raźones cas̀e nunca ĵustificadas.

Como vemos y según el autor del artículo, el chico que busca novia se va a un casamentero, quien, hechas sus gestiones, le procura una lista de posibles novias. El muchacho, como si se tratara de buscar un empleado para un negocio, examina a las presuntas chicas de la lista haciendo entrevistas, y me pregunto a quién: ¿a los padres?, ¿a las mismas interfectas? Hecha la elección y acordados los esponsales, el novio se instala en casa de sus futuros suegros, quienes le dan de comer y lo alojan, viviendo el muchacho, como se dice en español, «a la sopa boba». Sin embargo, pasado un tiempo el novio rompe su compromiso, alegando causas injustificadas.

Tales comportamientos, que también aparecen reflejados en diversos textos poéticos que yo misma he publicado5, los veremos repetidos en otros textos que comentaremos luego. Sigamos con la lectura.

Estos fatos acontecen cada día. Un buen ĵidió espośa su hiȷ́a y toma un tiempo de seš, ocho, diez meśes o un año. Es imposible que un espośorio no enfastie cuando las vis̀itas ande la novia son tomadas por oficio.

Recordemos algo ya sabido: que en el mundo judío tradicional primero se firman los esponsales, según los cuales los novios se comprometen a casarse en un plazo determinado, que aquí se fija entre seis meses y un año. Veamos ahora lo que nos dice AMF sobre el comportamiento de algunos jóvenes.

A título de curiośidad contaremos aquí a muestros lectores el discurso de un mancebo a sus amigos. Francamente, la curiośidad del suȷ́eto me empuǰó a acostar mi oído y a escribir todo lo que estaba hablando:

«¿Es verdad que espośí yo? –demandaba el espośado a sus amigos–. Estó seguro que también este espośorio non me va a turar mucho tiempo, por raźón que yo estó bien praticado a deǰar y a tomar novias. Non es de maravíar, siendo ya se me hiźo natura».

Estas palabras fueron dichas con un tal tono de burla que todos sus amigos se metieron a reír. El bendicho espośadico (¡32 años!), después de haber deśvanecido los meollos6, continuó, ma esta vez con un tono triste y serio:

«Yo ya tengo 32 años y aínda me creo una criatura. Hasta que vo a tener 42, el Dio sabe cuántas novias vo a deǰar y vo a tomar. Ya sabéš que, cuando era chico, yo llevaba šalvaricos; estonces era mirado de mal oȷ́o y me sentía contrariado, ande más cuando pensaba que era un ‘am haareŝ. Ma, bendito el Dio, de cuando me vestí a la franca con este yelec blanco y condurias amarías, por mi vida que tomí honor. Apena demando una novia, me traen 2, 3, 6, 10 y con buen sermé7. No sé más por cuála raźón yo vo trocando siempre manos8; hoy una novia, mañana otra, al otro día la de tres. ¿Cuál es el seḅeḅ?».

Nuestro autor se apresura a dar contestación a la pregunta casi filosófica que plantea el jovencito, expresada, según se nos ha dicho, con un tono triste y serio, como si a actuar con tal desfachatez le empujara un diablo interior que le salva de toda responsabilidad personal: He aquí la dura respuesta:

Si lo queres saber, te lo diremos: la iñoranza, caro señor. Tú nacites para llevar šalvaricos y, malgrado tu «yelec blanco»9, tus condurias amarías, tú tienes siempre šalvares y quedates ‘am haareŝ, siendo según diće un refrán: «No es el vestido que haće el hombre ni la hombría».

Es decir, que –adaptando al español el refrán sefardí– como «el hábito no hace al monje», por mucho que el muchacho se vista a la moderna, en su cerebro sigue vistiendo «šalvares», que aquí son sinónimo de incultura.

Me pregunto: ¿estamos ante un caso de especial desvergüenza personal? Puede ser; sin embargo, iremos descubriendo que tal forma de pensar y de actuar no era tan rara.

Efectivamente, poco tiempo después, en La Época 25:1212 (viernes 1º kislev 5660 / 3 nov. 1899) pp. 3b-4b, se publica una réplica a las palabras de AMF, también titulada Espośorios y firmada por Mošé Aharón, en la cual se justifican tales comportamientos de los jóvenes y se señalan otros culpables del problema. He aquí el texto.

Recibimos la letra sigüente, que muestra imparcialidad mos haće un dober y un obligo de publicar.

Honorado se’ redactor del ĵornal La Época.

Meldí con mucha atanción su estimado diario datado del 23 ḥešván nú’ 1211 en el cual se topaba inserado un interesante artículo intitulado Espośorios, firmado con la iniciales AMF10.

El señor AMF se queǰa de la mala conducta de algunos mancebos, los cualos non topan otro hecho que haćer que solo espośarsen con la inteción de pasar sus tiempos con sus espośas y, después de comerles el źejut y el kabod en frecuentando día y noche sus caśas –«ahí comer, ahí lavar y ahí dormir»–, topan algún achaque y las deǰan.

Según mi parecer los mancebos non serían tanto culpantes en esta ocaśión. Los padres de las muchachas ya se haćen ellos miśmos caśamenteros. Cuando ven algún mancebico que ya está aresentado en su hecho11 y está ganando su maźón, ellos se meten con sus vente uñas12 a canderearlo de espośarse. Después de mil ateguentos, el muchacho acheta. Alora el se’ padre de la muchacha se mete en el baile13 sin tener ni un soldo en sus manos, prometiendo campos y viñas a el mancebo y después: «el Dio es grande»14. Haćen sus contratos, firman el papel, reglan un tiempo de 3 o 4 o 5 o 6 meśes y empezan las relaciones calurośas entre esfuegro y yerno, espośo y espośa, eĉetre.

Es alora que el espośadico ya empeza a entrar y salir en caśa de su novia. A poco a poco va tomando coraȷ́e. Si iba un día la semana, se haćen 2 y 3 y 4 y miśmo semanadas enteras.

He aquí otra visión del problema, aunque en determinadas cuestiones avala la anterior. Se acusa ahora al padre de que, no bien encuentra un novio apropiado para su hija, se le echa encima y le presiona, obligando al «ingenuo» joven a aceptar, joven que además –y esta es la madre del cordero– se deja engatusar con las promesas del futuro suegro quien le asegura el oro y el moro de dote. ¡Ah!, las problemáticas dotes sobre las que volveremos más abajo15.

Como vemos, el autor ni siquiera se molesta en negar que efectivamente el «inocente» novio va sentando sus reales en casa de sus suegros, lo cual le parece tan normal. Vayamos más allá, donde se sigue abundando en las falacias paternas.

Los señores ĝenitores de la linda novia, viendo que el tiempo que tomaron ya se empeza a acercar16, les dan liḅertad al parećico de estar solicos encerados horas enteras en una camareta con la esperanza que se les doḅlará el amor17.

¡A saber qué hacían los tortolitos encerrados horas enteras¡ No dejan de resultar chocantes tales libertades para la época en que estamos –1899– impensables, por ejemplo, en la España de la época, donde entre los jóvenes mediaban habitualmente las consabidas «carabinas». Las artimañas del padre no evitan que suceda el desastre esperado, ya que, como veremos, está claro que al novio no le interesa tanto la tórtola como el dinero y el ajuar que le han prometido de dote.

Cuando ya viene el entremetedor de parte de el novio a demandar el sermé, se escuśan con dećirles de tener pacencia: «¡Dur bacalum!18, ¡šequier suyá dušmidí!19. ¿Qué es la aĝilé?, ¿cambiala es este hecho? Tengo de recibir moneda de América, de Ingletiera, de Iskendería, eĉetre». De otra parte el padre de la muchacha toma a su hiȷ́a de una parte dićiéndole: «Mi hiȷ́a, tú ya sabes cómo yo estó aḥarbado del felec20. Mira a ver, como sabes tú, canderear a tu novio y rógale, como que viene de ti, a que se esvachee de la prometa que prometimos. A ti no te va refuśar, siendo el amor haće olvidar bienes y haberes».

Alora la novia obedece al comando de su padre. Si un tiempo se trababa de mostrar su amor miśmo a la escondidas21, agora ya toma coraȷ́e a haćerlo miśmo delantre el većindado.

El se’ novio, si es ḥarif, se acavida. De aquel punto él empeza a cortar sus relaciones. A poco a poco, un día viene, tres no viene a vis̀itar su espośa; en fin se retira enteramente.

Madmuaśel ya empeza a suspirar, a sanglotar. Ella manda ĝente a bušcarlo por las caes y por las plazas. Se’ tío22, viendo que la hiȷ́a está con albores23, toma y él el fenelico en la mano también y sale a bušcarlo. En fin lo topan, lo traen en caśa, los deǰan solicos en la camareta. Aprontaron la meśa... ¿Qué es comer?, ¿qué es beber? cuando los dos ya están borachos del amor, uno deśmayado por aquí y el otro afalagándola en dándole coraȷ́e y dićiendo: «Yo cale que te tome».

Malgrado esto, el novio corta sus relaciones por siempre. Alora toda la familla empezan a haćer bailećicos, coredores, habladores, entremetedores, todo al aver24; no hay otro que raśgar los papeles.

Dunque, vos demando ¿a quién cae la culpa?: ¿a los mancebicos?, ¿a las muchachas? No, ni a uno ni a otro. Solo la responsaḅilitá entera está en se’ tío que espośó a su hiȷ́a sin tener nada en su mano. O ansí o ansí, el mancebo, mancebo es. Una deǰa, otra puede tomar, basta que esté en resiento25 y sepa ganar su pan.

Queda claro por este expresivo y sarcástico texto, en el que entre otras cosas se ridiculiza la actuación de novias despechadas y padres buscadores, cuál es la otra cara de la moneda y cuál es la cínica postura de algunos jóvenes. Lo que les importa es solo la dote y ¡ay de los pobres padres que se meten en berenjenales con el fin de procurarle un novio a su hija y que encima se atreven a pedirle explicaciones por su abandono! Por mi parte y desde mi subjetivo criterio, entiendo que, por mucho que el padre haya fantaseado con la dote y que la jovencita se pliegue a las artimañas paternas, el sinvergüenza es el novio, que solo se casa por dinero y no encuentro excusa posible para esa cínica frase del autor: «O ansí o ansí, el mancebo, mancebo es» y si no es esta jovencita ya encontrará otra que mejor le convenga.

Pero el texto sigue, entrando ahora en ciertas consideraciones de tipo social que solo quedaban aludidas en el artículo de AMF:

Se’ AMF se queǰa de un mancebico del yelec blanco con condurias amarías que ayer era lo que era y hoy se vistió a la franca con la inteción de engañar a el mundo, tomar y deǰar novias, eĉ...

Sólo en esto se yeró el Se’ AMF de dećir que un mancebo ayer llevaba šalvarico y hoy se vistió a la franca. Creo que no es vergüenza si su padre vestía un modo y su hiȷ́o viste otro modo. Vergüenza es aquel mancebo que se mete la mano en el pecho y no topa ni un metalic. El vestir y el calzar cale vaya de acodro con el oficio que él tiene según el proverḅio: «Lefum gamlá šiḥná»26, quere dećir: «Según el gamello, ansí debe llevar la alḅarda», según el oficio, ansí la vestimienta.

Nuestro autor, Mošé Aharón, interpreta ahora a su antojo lo que no había dicho AMF. Según la opinión de este último, el problema no era el cambio de indumentaria del sujeto en discusión, sino que éste hubiera expresado su satisfacción de que tal cambio le permitiera conquistar el corazón de un buen numero de chicas y cambiar de novia cada dos por tres. Por contra, Mošé Aharón lo que sí considera una vergüenza es que un chico no tenga un «duro» en el bolsillo para ciertos gastos que no se explicitan, con lo que de alguna forma justifica su ansia de lograr novias ricas. Incluso nuestro autor parece dejar abierta la posibilidad de que las modernas vestimentas del muchacho en discusión le vengan impuestas por el trabajo que ejecuta y no por voluntad propia. Sigamos adelante.

Y más: ¿qué culpa tiene un mancebo cuando su padre no lo dio en escola27 y quedó ‘am haareŝ en el francés, en el italiano, eĉetre? Basta que aquel mancebo se percuró un chico estudio de conocer una oración y servir a su santo Dio.

Me parece de especial interés este comentario por reflejar la opinión de muchos sefardíes del momento, fruto de la educación recibida en las escuelas francesas de la Alianza Israelita Universal y en algunas otras de corte occidental, es decir: los valores culturales son los que provienen del conocimiento de lenguas occidentales –francés, italiano, etc.–; la cultura propia expresada en judeoespañol carece de valor. De esa cultura propia solo parece bastarle a nuestro autor que el muchacho sepa decir –en hebreo, claro– alguna oración y, eso sí, que se comporte como un buen judío, haciendo caso omiso de que andar abusando de la credulidad de las mujeres, que es lo que aquí se discute, no parece estar precisamente en los cánones judíos, ¿o sí? El artículo sigue diciendo:

Cuanto a mí, debo de llamar bravo aquel mancebo que, en siendo güérfano y sin dinguna protección, emṿeźa de sí para sí algunas cośas que prevalgan para su oficio.

Hoy no pasa28 el ser mucho instruido, hoy pasa la industría. El patrón de profesión es bušcado y no se espanta de dingún peligro. Basta que no sea menesterośo a dinguno29: «Laćeria de tus palmas cuando comieres...» [cfr. Sal 128:2]30.

De nuevo encontramos aquí la influencia de la enseñanza de las escuelas de la Alianza mencionadas, que se ocupaban de forma muy especial de la enseñanza de oficios a los jóvenes sefardíes. Curiosamente nos resulta muy cercana a nuestros tiempos de crisis la opinión más generalizada de lo que quisiéramos de que la instrucción no sirve para mucho y que lo que importa es la «industria», es decir, lo que hoy día se plasma en la expresión «jóvenes emprendedores». ¡Nunca hay nada nuevo bajo el sol, mi querido sabio Salomón! Sigamos.

Dunque, este Se’ AMF no hiźo esto por haćer un servicio al pueblo. Su escopo es que el dito cale sea terná alguna ensuña con este mancebo de el yelec blanco y las condurias amarías. Le demandó algún empréstimo, ma su demanda no fue cumplida, él topó la ocaśión de hablar todo lo que él quis̀o.

Los ĵornales son campos de batalla. Los escribidores son los héroes combatientes, ma el tiempo de los vestidos de malla ya pasó. Hoy se sale a frente abierta y no con masca.

El maldiciente autor deja su broche final insinuando que AMF se ha ensañado criticando al mancebo de marras por alguna cuestión personal y le critica que utilice su poder de escritor sin dar la cara, escondiéndose bajo el anonimato de las siglas AMF.

No se hace esperar la contestación de AMF, quien en su artículo de nuevo titulado Espośorios, que vio la luz en La Época 25:1214 (viernes 15 kislev 5660 / 17 nov. 1899) p. 9a-b, replica lo siguiente:

Non me esperaba, ciertamente, a una crítica tanto aguda cuanto boba de mi artículo de tres semanas antes intitulado Espośorios.

Antes de responder directamente al Se’ Mošé Aharón –manca alguna cośa a este nombre– yo debo de adrezar una demanda a los lectores de La Época: ¿A cuántos por cien sube el número de aqueos padres que espośan a sus hiȷ́as sin tener un sermé disponible? Estó seguro que todos serían unánimos a responderme que ya pasaron los tiempos antiguos ande los ĵidiós ṿivían con «dor bacalum». Agora non hay un solo padre que se meta en el baile, como se diće, sin tener al menos los tres cuartos de la dota apartada en un ñudico de la riźá.

Conviene explicar algo del principio de la contestación de AMF, me refiero a la frase que he marcado entre guiones «manca alguna cośa a este nombre». Ya que su oponente le ha echado en cara el esconderse tras unas siglas, nuestro autor hace lo mismo. En efecto, tanto Mošé como Aharón son nombres propios, así que AMF está insinuando que su crítico también está escondiendo su apellido, o que ni siquiera escriba una partícula como ben ‘hijo’ lo que al menos proporcionaría alguna pista genealógica. Todo ello queda más claro en el último párrafo del artículo de AMF. Sigamos con el texto.

El se’ contradećidor diće que «después de reglar un tiempo de 3, 4, 5 o seš meśes y que ya tomó las relaciones calurośas, el espośadico empeza a entrar y salir en caśa de su novia. A poco a poco va tomando coraǵe: si iba un día la semana, se haćen dos, tres, cuatro y cinco...». Estas vis̀itas, digo yo, non son debidas que a una grande fešuguedad, a un grande egoiśmo, al espanto de verse llevar súpitamente a su novia.

Se’ Mošé Aharón habla después de las dotas y de los conseȷ́os que los padres dan a sus hiȷ́as. ¿Qué padre tiene el coraǵe de haćer crecer ciertos sentimientos en el corazón de su hiȷ́a para non tener él miśmo vidas de ṿivir después31? A admitir miśmo que una cośa semeȷ́ante acontezca, ella acontecerá una vez solo, una novia sola, quero dećir, y non en diez, onće o todas.

Se’ Mošé Aharón diće: «El se’ novio, si es ḥarif ..., empeza a cortar sus relaciones; madmuaśel empeza a suspirar ... el se’ tío ... toma el fenelico en la mano y sale a bušcarlo ...».

Si se’ tío va bušcar al se’ novio, es únicamente para demandarle las raźones de su yelor y para asabentarse porqué cavśa él está empleando todos los meźos para tocar en la honor de su hiȷ́a.

¿Por qué?, demando y yo también, ¿a quén cae la culpa?: ¿a los novios?, ¿a las novias?, ¿a los esfuegros? Ni a uno ni a otro de estos dos últimos, ma a los primos32, siempre a los primos.

Si un novio no se convino en las mañas con la novia, ¿es ĵusto que vaya a descreditarla?, ¿ánde se vido fin agora esta maldicha ĵusticia?, ¿en qué libro está ella escrita? Puede ser señor Mošé Aharón lo sabrá, ma yo no lo sé ni quero nunca saberlo.

Se’ Mošé Aharón se escuśa dićiendo: «que no es vergüenza si el padre vestía de una manera y el hiȷ́o de otra» ¿Quién habló de padre y de hiȷ́o y quién se queǰó por el vestido? Se’ Mošé Aharón respondió sin entender ni bušcar de entender el fondo de mi artículo sobre los «espośorios».

Yo no hiće que reportar la conversación que un mancebico tenía con sus amigos al café y más nada. ¿Ánde está nombrado o acuśado el modo del vestir del padre o de la madre? Si mi contradećidor se topó ofensado de mi artículo, es que él tuvo el linguaȷ́e que raportí. Quere dećir que él ya reconoció su yero. Basta estonces.

No topando con qué descreditarme se enrama en las arañas33 y va hasta dećir que yo escribí mi artículo por raźones de ensuña. Estas hablas demandan probas y desfío mi contradećidor de probar lo que él avanza.

Para escapar, Se’ Mošé Aharón escribe: «Los ĵornales son campos de batalla, los escribidores son los héroes combatientes, ma el tiempo de los vestidos de malla ya pasó. Hoy se sale a frente abierta y no con masca».

Este penserio es hermośo y lóǵico, ma su autor se esconde detrás de la solombra. ¿Cómo que dé yo mi nombre cuando él encubre su alcuña? Mi nombre sería escrito en godras letras cuando mi contradećidor ronȷ́ará de su facha la masca que lo deśhonora.

Resumo lo dicho por AMF. A su juicio y en los tiempos que por entonces corren no hay ningún padre que se ponga a buscar novio para su hija sin tener ya reservado una buena parte de la dote, diciendo textualmente y con una muy gráfica frase: «Agora non hay un solo padre que se meta en el baile, como se diće, sin tener al menos los tres cuartos de la dota apartada en un ñudico de la riźá». Vuelve a resaltar los abusos del novio que se instala en casa de la novia; afirma que ningún padre con sentimientos aliente los amores de su hija para luego dejarla en la estacada y tener que aguantar de por vida sus quejas; y aunque no rechaza que en algún caso extremo tal pueda suceder, se niega a admitir la generalización que se desprende de las palabras de su oponente. Precisa que si el padre busca al novio para pedirle explicaciones es solo para defender el honor de su hija; y reitera su inculpación a los muchachos.

A principios del año siguiente, volvemos a encontrar otro artículo sobre el tema, titulado Espośorios, balos, amores y firmado por «El güerquećico», que se publicó en La Época 25:1221 (viernes 5 šebat 5660 / 5 enero 1900) p. 3a. Dice así:

Los espośorios a tiempos elgüengos son blamables y miśmo diśgustantes. Un mancebo espośado que ya tiene la liḅertad de entrar y salir a su plaćer por la caśa de su novia aḅuśa de su poder. Estonces empezan queǰas a las calladas de parte los parientes de la muchacha cada vez que ven venir al novio.

Criticando que los esponsales se prolonguen largo tiempo antes de la boda, insiste en lo mismo: el abuso de los novios que toman la casa de los suegros como suya y las protestas que tal cosa provoca.

Si esto ya acontece cuando un mancebo con una muchacha están legalmente espośados, ¿cómo espiegarmos agora el comporto de ciertas madres que deǰan venir en sus caśas mancebicos para que hagan abiertamente la corte a sus hiȷ́as?

Aquí, sin embargo, se nos está hablando de algo nuevo: no del trato entre jóvenes cuyos esponsales se han acordado previamente entre las partes, sino de que los chicos entren en la casa de las chicas para hacerles la corte con permiso de las madres, sin que haya mediado ningún acuerdo. De permitir y alentar tal despropósito se acusa a las madres, sobre todo a las de baja extracción social.

Algunas, siendo probes, tienen la vana creenza que mañana aquel mancebico bien aresentado tomará a su hiȷ́a con la camiśa de enriba34, ma no pensan nunca a las opośiciones de los parientes del muchacho. Otras lo permiten por negliǵenza y por descuido. En todos los caśos este comporto no mos carea por seguro todo bueno.

Como vemos, dos son las razones que se esgrimen para que las madres no se opongan a tales relaciones: el deseo de engatusar a un novio rico, señalando el autor que si bien el joven puede caer en la trampa, de ella le van a sacar sus adinerados padres –volveremos a ver más tarde el mismo asunto–; y el descuido y la falta de vigilancia. Veamos algunos de los sistemas que nos expone el autor de cómo se hacía tal corte.

Algunos mancebicos no pensan nunca a los grandes males que cavśan cuando, andando y tornando mil većes al punto35 por la miśma caleȷ́a, haćiendo señales, saludando y mirando en tala o en tala otra ventana, emplean todos los artificios en sus poder para haćer cayer en sus falsas redes una malfadada hiȷ́a.

Ĝeneralmente los mancebicos haćen la corte a una hiȷ́a para pasar la hora, por ĵugar o burlarse, rindiéndosen ansí indiños de ellos miśmos. Son muy raros aquellos que aman sinceramente de corazón y que tienen escopos honestos. Los falsos amorośos no pensan a las feridas que deǰan en los corazones de las tiernas hiȷ́as después del aḅandono. Ellos no pensan del todo a las ḥaćinuras que carean muchas većes y a la desolación en la cuala ronĵan una inoĉente hiȷ́a. Hay
muchos mancebicos que se vantan de tener tres, cuatro o cinco amorośas en miśmo tiempo.

Resulta interesante la descripción que se nos hace de lo que en español se ha llamado «pasear la calle» de las presuntas novias, llamando su atención para que se asomen a las ventanas. A ello podemos añadir la costumbre de rondar a las chicas con serenatas, que aún se mantenía en Salónica en tiempos más tardíos, como puede verse por un poema de Ŝaic y Gaśós que he titulado El mal de las niñas, publicado en Salónica en 1924. Allí en relación con los chicos se nos dice: «haćen serenadas / miśmo que non tienen voź»36.

El autor, aludiendo a los artículos que hemos comentado antes, concluye diciendo:

El artículo sobre los «espośorios» sulevantó una tempesta de críticas por en contra. La cuestión que tratamos hoy tiene también su importanza, siendo se trata de la honor de muestras hiȷ́as y por consegüenza de la honor de la nación37. Sería bueno si otros escribidores se interesaban a ella para que el reśultado final sea más premurośo y más seguro.

Dado que entre el primer artículo que aquí he comentado y este de ahora no he encontrado en el periódico La Época más textos sobre el tema que los aportados, la afirmación sobre la tempestad de críticas originadas por «el artículo sobre los espośorios», me lleva a pensar que habrá que buscar en otros periódicos de la Salónica de aquellas fechas donde probablemente se publicaran tales reacciones.

Un poco después, uno de los colaboradores habituales de La Época, el que se firma «Véritas» (en letras latinas), en su artículo Por los mancebos, que vio la luz en La Época 25:1222 (12 šebat 5660 / 12 en. 1900) p. 3a-b, expresa su réplica a «El güerquećico», pues si bien está de acuerdo con algunas cosas dichas por él, entre otras en culpar a las madres –me pregunto por qué no a los padres–, sostiene la teoría de que, en relación con los novios, no todo el campo es orégano, o lo que es lo mismo, que no todos son culpables, mostrando otra vez la otra cara de la moneda.

La Época de la semana pasada contenía un artículo soto el título Espośorios, balos y amores. El autor criticaba y afeaba severamente el comporto indiño de ciertos mancebicos con muestras hiȷ́as. El escribidor eñade que son raros los mancebicos que aman sinceramente y que tienen escopos honestos.

Yo aprobo y topo muy lóǵico el raźonamiento de su colaḅorador, visto que es una regretable verdad aquella que muchos mancebicos engañan muestra hiȷ́as y las aḅandonan báǰamente, deǰándolas en la más grande desolación. Que esto sea indiño y que non haga del todo honor a muestra nación es verdad pura y santa.

Ma non puedo admitir que esta verdad acontezca siempre por la ĝeneralidad. No siempre los mancebos tienen culpa en aḅandonando a las hiȷ́as que ellos aman. Ciertas madres puǰan, exitan sus hiȷ́as a haćer ellas miśmas la corte a los
mancebos, creendo que ellos las tomarán con la camiśa de enriba y, después que muchacha y muchacho escapan por amarsen tiernamente, estas madres percuran por non sé cuálas raźones a haćerlos yelar. Puede ser que esto parecerá increíble a los lectores, ma es ansí, visto ciertos fatos de los cualos yo tuve la desdicha de ser testimonio. Heg uno de estos fatos.

Cuenta a continuación la historia de un chico de buena familia, honesto y con buenas intenciones, al que, tras cumplir los pasos reglamentarios y verse bien acogido por la familia de la novia, una chica de 16 o 17 años, le sucede lo siguiente:

Atrás dos años un mancebo de buena familla, instruido y bien plazado haćía la conocencia de una hiȷ́a de la edad de diez y seš a diez y siete años que a prima vista tomó a amar con todas las fuerzas de su tierno y ȷ́oven corazón. El amorośo en cuestión se adrezó derechamente a la familla de la muchacha por haćerle parte de los sentimientos honestos que lo animaban y rogó de interogar la niña por oḅtener su consentimiento. Al principio la niña se mostró heśitante, ma en ségüito a las exitaciones y empuǰamientos que recibía cada punto de su madre y a la conducta luayala y honesta del mancebo, que en cualidad de amigo continuaba a entrar y salir por su caśa, la niña escapó por consentir a acordarle su mano. Mientres un lungo tiempo los dos amorośos ṿivieron venturośamente sin que dinguna nube viniera a trubiar sus amor y, a meśura que se iban meȷ́or conociendo, sus amistad crecía sensiblemente. Ma..., como diće el refrán: «Cada cośa tiene su fin». Ansí la ventura de estos dos muchachos también no tadró a acercarse del cabo.

La familla de la muchacha, que antes había tanto contriḅuido a la unión de los dos corazones, empleó todos los artificios en su poder por apartarlos. Las čenas, los pleitos y las violentas discusiones que tuvieron lugar en ségüito a este supitaño yelor los lectores ya se lo imaǵinarán de sí solos. Finalmente el póbero mancebo, viendo que semeȷ́ante vida le era insoportable, fue obligado de retirarse con el corazón afriido, «abel vaḥafuy roš» [Ester 6:12]38.

Creo que esto ya basta a mostrar cómo ciertas madres con sus comporto cavśan las más grandes deśgracias. ¡Helás!, estas deśgracias no son pocas.

Ya el propio «Véritas» dice que no entiende el comportamiento de esas madres, que tras alentar tales noviazgos ventajosos «percuran por non sé cuálas raźones a haćerlos yelar». Y la verdad es que yo tampoco lo entiendo.

Y detrás de tantos problemas estaba en muchas ocasiones el siempre espinoso asunto de las dotes, que ya ha apuntado en varios de los textos anteriores. Ahondemos más en el asunto.

Esto es lo que leemos en un artículo publicado en La Época 25:1238 (13 iyar 5660 / 11 mayo 1900) p. 4a-b, titulado «La dota» y firmado por «Mentor». Se inicia con la cita de un artículo anterior publicado en el Ĵornal de Salonico39 quince días antes, bajo el título de «Amor y familla» y que firmaba «Una muȷ́er». De quien fuera esta autora me ocupo más abajo al comentar el artículo que responde a este de ahora.

«... Si hay un mancebico que quere espośarse con una siñorina bien educada y hermośa ... no caśamiento de parás ... se adrece a la dirección del ĵornal La Época, ande serán dados los detallos suplimentarios» (Época 5 iyar)»40.

¡Caśamiento sin parás!, ¡matrimonios sin sermé! ¿Quién es este mancebo en muestra civdad que hasta agora quis̀o o percuró al menos de haćerse la compaña de su vida de una hiȷ́a instruida sin dota, bien entendido, ma que en troco pueda ser una buena madre de familla, una buena miradera de la caśa y una honesta y virtuośa muȷ́er? Ninguno, por seguro. Todos bušcan las parás, el contado, este yerme41 acimentador de deśventuras, este oḅȷ́eto fantástico que non sierve que por pocos días, pocos meśes miśmo puede ser, ma que una hora o la otra fuye, se escapa, deǰándomos solo un triste suvenir de la moneda desparecida.

Resulta obvio, que nuestro «Mentor» con su rotunda negativa, no se hace muchas ilusiones sobre que algún muchacho casadero renuncie a obtener una dote. Sin embargo, persiste en su idea de que esto sería la solución de muchos problemas y convertiría en esposas modélicas a las al parecer numerosas mujeres que por falta de dote se quedan solteras. Veamos qué propone nuestro autor, siguiendo más adelante con otra larga cita del artículo de ese señora que ha propiciado el suyo:

Y portanto, en muestra civdad, ande las famillas honestas que tienen hiȷ́as hermośas, instruidas, ma probes, son muchas, debría haber una sochetá compuesta solo de mancebicos inteliǵentes, los cualos se obligarían a no caśarsen que con poco sermé y, si posible, no tomar nada.

No hay mucho tiempo en Berlino cienes de mancebicos, entendiendo la valor de la dota, se aĵuntaron en una sochetá como la que venimos de nombrar y hoy cienes de mocicas deśheredadas de la fortuna topan fácilmente un marido al cual concentran toda sus querencia, toda sus amistad, toda sus afección, formando ansí una familla llena de ventura, confiente en el avenir y sonriente en lo preśente.

A este propóśito es lo que «Una muȷ́er» escribía soto el título de «Amor y familla» en el Ĵornal de Salonic de quinće días antes:

«... Melećinad esta ḥaćinura –la dota– y veréš el amor enflorecer y la verdadera familla, la hermośa y venturośa familla reconstituirse. Algunos raros mancebos ya lo entendieron. Ellos no se espantaron, por sémpliĉe ḥaraganud como los otros, y de tomar una muchacha sin sermé. Ellos la escoǵeron a sus gustos para haćerla la compaña de sus vida, la colaneadera de sus trabaȷ́os. Ellos escoǵeron aquella que, amando el trabaȷ́o como ellos, sabrá criar hiȷ́os sanos en una atmósfera de serena confianza y de amor venturośo ...».

Creo que este pasaȷ́e basta para probar cómo la ventura del hombre está en el escoǵerse una muȷ́er que desparta diñamente sus veluntades, sus deśeos, sus ex́iǵencias, sus menesteres, y no en el contado, en el sermé, puro oḅȷ́eto de fantaśía pasaȷ́era, de ventura que relumbra la caśa como aquella luź –tanta
supitaña para venir, cuanto presurośa para fuyir– del relámpago.

Como vemos a continuación, este idílico panorama tiene una pronta respuesta, mostrando lo utópico de la propuesta o lo que es lo mismo, que si el dinero no trae la felicidad al menos alegra la vida y también aquello de que «males con bienes son menos» y que «a nadie le amarga un dulce».

Y así esto es lo que leemos en el siguiente artículo publicado en La Época 25:1240 (26 iyar 5660 / 25 mayo 1900) p. 7a, titulado también «La dota» y firmado por «Un mancebico»:

Mi inteción no es de rectificar ni contradećir a lo que diǰo a este propóśito Mlle Elisa, ma sempliĉemente aĵuntar alguna cośa que ella olvidó, puede ser.

Debo comentar esta primera frase del anónimo autor. Entre el artículo de La Época (25:1238 de 11 mayo de 1900) firmado por «Mentor» que he presentado arriba y este de ahora de 25 de mayo no aparece en dicho periódico ningún artículo de la tal Mlle Elisa. Recordemos que el texto de «Mentor» comentaba un artículo aparecido en el Ĵornal de Salonico que firmaba «Una muȷ́er». Se me ocurre pensar que esa muȷ́er fuera la misma Mlle Elisa a la que ahora se alude, y que nuestro «mancebico» supiera quien era la autora por ser vox populi en la Salónica del momento. A tal identificación de autoría puede contribuir lo que ahora se dice sobre las opiniones de Mlle Elisa de cómo se deben producir los matrimonios, ideas que son paralelas a las recogidas por «Mentor». Sin embargo, también puede suceder que la mencionada autora escribiera un artículo en algún otro periódico de Salónica al hilo de lo expuesto por la aludida «Una muȷ́er».

Cabe decir en relación con Mlle Elisa, de la que me he ocupado en alguna otra ocasión42, que se trata de un personaje interesante para su época, entre otras cosas por ser una de las pocas mujeres que conozco que colaborara habitualmente en los periódicos, especialmente en La Época, en un período que no puedo delimitar con exactitud.. Lo único que me extraña es que, si es de ella la colaboración del Ĵornal de Salonico, lo firmara con un púdico anonimato.

Sigamos con nuestro texto:

La escribidera en cuestión engaȷ́a muestros mancebos a caśarsen con hiȷ́as probes, ma no diće de cuala categoría de mancebos quere hablar. Cierto, caśarse con una honesta hiȷ́a sin dinguna dota es un acto de los más alabables; ma es menester que el mancebo que hará este acto esté en grado de asegurar el bienestar y la ventura de la espośa.

Dunque, si muestra demuaśel quere hablar de los mancebos goźando de una pośición sociala en un cierto modo independente non hay nada a dećir.

Ma si ella al contrario se adreza a todos los mancebos sin distincción [sic], ella se yera. Aquel mancebo (vuestro servidor, por enǰemplo) que es obligado a ganar su pan con la sudor de su frente y que se caśaría con una muchacha sin ninguna dota provocaría ĵustamente la repuesta que un burlón dio a uno que le demandaba el nombre de dos muchachos que se caśaban: «El mancebo se llama Probedad y la muchacha tiene por nombre Miśeria».

Yo so de aquellos que deśdeñan el caśamiento de moneda, ma so en miśmo tiempo de aquellos que consideran la dota como fondo de reśerva para los días de apreto. ¿Qué hará aquel padre de familla en semeȷ́ante ocaśión si él non tiene este fondo de reśerva?, ¿qué cale, dunque, haćer para evitar estas cośas?

Cale que muestros mancebos ricos se caśen con muchachas probes; ma cale también que muestros ricos den sus hiȷ́as a mancebos que en lugar de capital tienen honor, honestidad y amor del laboro.

Cale que muestros ricos deǰen ciertas consideraciones de casta y de pośición sociala a las cualas obedecen cas̀e siempre cuando se trata de dar sus hiȷ́as a muchachos que non ocupan el miśmo rango que ellos. Estas consideraciones aḅsurdas son muchas većes cavśo de grandes deśgracias que sentimos cada día acontecer.

Esperamos que estas palabras convencerán muestros hermanos y que presto emṿeźaremos el caśamiento de Fulano –rico– con Fulana –probe– y viĉeversa y veremos abrirse un muevo avenir para muestra mancebez.

Las opiniones de este «mancebico» no dejan de estar justificadas, es decir: considerar el dinero de las dotes como un fondo de reserva familiar para cuando vengan mal dadas en tiempos de crisis, lejos, pues, de gastar tal dinero alegremente en vanas futilidades, como se ha mencionado en otros textos. ¿Pero cuántos jóvenes pensaban tan sesudamente?: parece que pocos.

Y es también de interés la mención de lo que ya hemos visto antes: el abismo social entre castas y la renuencia de los ricos a emparentar con familias pobres.

  1. Los noviazgos en 1908

Demos ahora un salto de ocho años en el tiempo para comprobar que en 1908 el problema seguía igual. Y así, quien se firma «Un padre de hiȷ́as» publica el artículo titulado Novios y novias en La Época 33:166643 (viernes 24 veadar 5668 / 27 marzo 1908) p. 2c-d, que dice así.

Recibimos la letra siguiente.

Señor redactor:

Meldamos en La Época de martes que su Eminencia el Gran Raḅino quere ocuparse de la questión de los despośorios entre la clasa mediana ĵudía. Si el Gran Raḅino reuše a meter un freno a esta terible ḥaćinura, más terible de la landra y de la ḥolera, él va rendir a nuestra comunidad un servicio inestimable.

Es una verdadera gueźerá para el padre, la madre y toda la familla cuando despośan una hiȷ́a. Se puede dećir que deśde el día del despośorio hasta el día del caśamiento el novio se carea en caśa de la novia. Mientres todo este tiempo es una sufrienza, un martirio para todos, empezando de la novia ella miśma y hasta la servidera, cuando hay servidera en caśa.

De nuevo nos encontramos con lo mismo, ahora circunscrito a las familias de clase media: desde el día de la firma de los esponsales hasta el momento de la boda, el novio se instala en casa de la novia, molestando a todo bicho viviente, incluso a la sufrida empleada del hogar. Pero hay más.

Bueno estaría cuando la cośa se escapa en caśamiento. Cuántas većes, ¡helás!, el novio, después de unos cuantos meśes de despośorio, después de comerse el źejut y el kabod de los parientes de la novia y puede ser miśmo después de haber bušcado a yir más adelantre, él rompe el despośorio por una nada, por una baba44, con una facilidad extraordinaria.

Si su Eminencia sabe meter un freno a esto, cuántas bendiciones se va ganar del pueblo, cuántas famillas le van a guadrar una reconocencia sin límito. Es puramente servir la umá que de meter regla a un estado de cośas escandalośo.

Y no es esto solo. Cuando acerca el tiempo del caśamiento, empezan como dićen las «echaduras»45, las «enramaduras»46, los yelores y pleitos miśmo, cośas que amargan las vidas de padre y madre.

La historia se repite. Es decir, que los sufridos padres se darían con un canto en los dientes si al final la boda se lleva a cabo, ya que muchos desaprensivos novios, después de haber abusado de los futuros suegros, y quizá de la propia novia, lo cual podría entenderse de la frase «y puede ser miśmo después de haber bušcado a yir más adelantre», rompen su compromiso con fútiles pretextos. Es muy probable que los pleitos que se indican en el último párrafo tengan que ver en buena parte con la dote. Y así se lamenta el desgraciado padre:

Desdichados parientes que tienen hiȷ́as para engrandecerlas, para meterlas en caśa y en morada47. Para todo ello deǰan sus vidas y siempre se les acora el alma demandándosen si la hiȷ́a pasa bueno, si no está sufriendo, si tiene buena maridanza, etĉetre.

Aparte de la salvación que sería para todos los padres y madres de niñas si la questión de los novios se mete en buena regla, se va abrir el camino para los aǰugares, para condanar el luso robinador de la clasa mediana que no está saliendo de baǰo.

Que no se figure su Eminencia que la cośa es fácil a reglarse. Van a haber dificultades para convencer la ĝente. Ma ĵustamente es las cośas difíciles que cale percurar de enderechar. El merecimiento es más grande y la reconocencia del pueblo también es en la miśma proporción.

Yo hago suhetos de corazón por que la cośa tenga llena reušida, hago llamada a todos los parientes por escuchar los conseȷ́os de su Eminencia. Y en esta dulce esperanza, quedo, señor redactor, saludándole de corazón.

A ello solo se me ocurre comentar que ¡pobres padres de niñas casaderas!

Un par de meses después «Un padre de familla» escribe un artículo titulado Un poco de instrucción y manco de liḅertad, publicado en La Época 33:1669 (borroso) (viernes 21 iyar 5668 / 22 mayo 1908) p. 2d. El artículo empieza hablando de un tema de interés: la prostitución de jóvenes judías de familias humildes48. Sobre cómo evitar tal estado de cosas el autor propone en primer lugar elevar el nivel de instrucción de las chicas de familia pobre mediante la creación de escuelas comunales para chicas, paralelas a los llamados Talmud Torá de los muchachos, que se sostenían gracias a donativos y al apoyo económico de la comunidad, y donde, si bien dentro del sistema tradicional de enseñanza, los muchachos recibían una cierta formación.

Recordemos que, aunque para esas fechas ya hacía tiempo que funcionaban en Salónica las escuelas francesas de la Alianza Israelita Universal así como otras europeas que sí admitían chicas en sus aulas, la realidad es que los padres de familia con pocos recursos o no podían permitirse tales lujos o simplemente no veían la necesidad de que sus hijas recibieran otro tipo de educación que no fuera el de las tareas del hogar.

El autor continúa diciendo:

Una otra cavśa de las más importantes que contriḅue al traśyeramiento de ciertas niñas es la poca survellenza a la cual son sotometidas de parte sus parientes. Estos últimos, en muchos cavśos, no están descontentes si sus hiȷ́as empezan un chico namoramiento con sus conocidos en la esperanza que la dota será más liviana. Deśgraciadamente muchas većes los namorišcos empezan con poco y se escapan con un escándalo que ronȷ́a la familla en la deśhonor y el deśespero.

Estos parientes debrían ex́erzar una survellanza más rigurośa sobre sus hiȷ́as, no darles carta blanca en todos los puntos, conseȷ́arlas, miśmo abiertamente, de no deǰarsen traśyerar por las prometas falsas de algunos mancebos.

Por reśumirmos, los dos remedios posibles contra el espandimiento del vicio son: un poco de instrucción y un poco manco de liḅertad.

Como vemos, de nuevo se culpa a los padres de ser demasiado condescendientes con sus hijas para intentar aliviar el peso de la dote y también de no advertirles convenientemente de en qué consisten las relaciones ¿sexuales?, de las que deberían hablarles «abiertamente». Y la pregunta es: por aquel entonces y en cualquier país ¿cuántos padres lo hacían?

  1. Pero ¿qué es lo que quieren las chicas casaderas?

Demos otra vuelta de tuerca y veamos ahora lo que –con razón o sin razón– dice este poema, que bajo el título de Póbero padre de hiȷ́a se publica en La Época 23:1130 (15 adar 5658 / 9 marzo 1898) p. 7a, y que yo titulo Lo que quieren las mujeres. Tras las primeras 6 estrofas en las que el autor nos dice que ha despreciado a una chica preciosa porque está enamorado de otra, leamos lo que esa otra, rechazándole, le dice en estrs. 7-1349:

1 Vośotros, mi buena ĝente,

seed con mí indulĝente

si vos vo a entretener

y mucho tiempo detener.

2 En hecho de caśamiento

y dećirvos lo que siento

vo a ser muy conzanciośo,

no creáš que so viciośo.

3 Sin ser atanto elocuente,

yo vos conto lo sigüente;

rogo prestarme atanción.

No vos parezca pretansión

4 si digo que fui amado

de una color ducado50,

amable y muy hermośa,

golośa como la rośa.

5 ¿Vos digo una curiośa?:

a la hiȷ́a tan graciośa

yo refuśí la su mano...,

me mostrí poco humano,

6 siendo amo otra niña

la cuala me se indiña

y me diće claramente:

–No te quero, francamente.

7 Yo deśeo novio rico:

si es tonto o borico

o que es él medio loco,

me importa mucho poco.

8 Yo contento mis caprichos:

ir haćerme buenos rinchos,

elegante tualeta

del que sube bicicleta51.

9 Ir en balo y en boda52

y vestirme a la moda;

bailar vals y pade cuatro53

y frecuentar el teatro.

10 Fuese buena o ḥaćina,

no ir nunca en coćina;

yo terné la lavandera

y también mi coćindera.

11 La una hará colada,

la otra la limonada;

¿el comer está agüento?:

todo es el miśmo cuento54.

12 Mi marido, si se arabia,

yo de él ya so más sabia:

hago y yo la arabiada,

lo miro con rebellada.

13 En fin lo vo a obligar

él que me venga a rogar;

so hermośa yo al cabo,

él debe ser mi esclavo–.

14 Este fue el su linguaȷ́e

que ella me tuvo cas̀e;

yo tuve grande desplaćer

que no supe lo que haćer.

15 Me quedí amudecido

como un entontecido;

sí verdad no respondí,

mi disgusto no escondí.

16 Aroȷ́ele una mirada

de mi facha airada,

mostrándole mi aversión

y toda mi indiñación.

17 Y el padre ¿qué que riȷ́a

si pensa ansí su hiȷ́a?

Moral

18 Si sos rico, contentas tu pasión,

si sos probe, mucha humillación.

Un celiḅatario por obligación.

El satírico texto no puede ser más claro en cuanto a los deseos de esa determinada mujer, que solo quiere divertirse y que su marido le costeé todos los lujos y caprichos que se le antojen, careciendo de importancia que el hombre en cuestión sea «tonto o borico» o que esté «medio loco». Entiendo que tal ejemplar femenino no es paradigmático y que solo se trata, bien de una ficción literaria –supuesto que me parece más plausible–, bien del producto de un despechado varón, quien, habida cuenta de su precaria situación económica que le impide mantener el lujo de las féminas, ha optado por quedarse soltero «por obligación», frase con la que parece indicar que todas las mujeres son iguales. Y si me inclino por la ficción literaria es porque a nuestro hombre y a pesar de no ser rico sí le había aceptado la hermosa chica rubia a la que alude al principio del poema y a la que él mismo ha rechazado.

Pero siempre nos quedará la duda, que nadie nos podrá ya resolver, de si en la realidad en aquella Salónica de finales del siglo xix no habría algún que otro ejemplar de mujer que respondiera al patrón descrito, lo que desde luego dista mucho de ser imposible. En todas las épocas y culturas siempre ha habido y siempre habrá –y ello está en la propia condición del ser humano tanto de hombres como de mujeres– irremediables egoístas ávidos de lujos y de placeres mundanos.

  1. La vida del pobre padre

Como coda final, veamos lo que se nos dice sobre la vida de un pobre padre de familia desde que nace hasta que muere, desgranando todas sus miserias. El poema, firmado por «Un Humano» y al estilo de algunas coplas de las que hace años me he ocupado bajo el título de La crianza del hombre55, se publicó en La Época 25:1220 (27 tebet 5660 / 29 dic. 1889) p. 9b. Dice así:

1 El hombre vino al mundo

sin repośo un segundo.

De su madre alechado,

fin un año destetado.

2 Ariba a cinco años:

cuando menea sus labios,

es metido en escola

sin sentirse de la ola56.

3 Cuando dieź años él lleva

sus estudios non relleva;

percura de instruirse,

por deśgracia destruirse.

4 Vente años tiene ĵusto

ya empeza su diśgusto:

cinco grušes la semana,

se engaña de una rana57.

5 De trenta años alora

acorido toda hora58:

lo rodean hiȷ́as cuatro,

él bailando pade cuatro.

6 Él se ve a los cuarenta,

se haće como pimienta;

salta como la gartiȷ́a59

fin que caśa prima hiȷ́a.

7 En cincuenta, cuando piśa,

de sus oȷ́os non diviśa;

fin su cuero se le monda

desque que caśa la segunda60.

8 Son sesenta en la yacá,

non es hora de šacá;

rompiéndose los meollos,

escapa de los embrollos.

9 Setenta baȷ̌o el lado

él se topa rodeado

de nieticos y nieticas,

de Alfredos y Maticas61.

10 Pobereto, con ochenta

su puerpo non se calienta;

caminar avagareźa

y sin ganar, ¡qué dureźa!

11 Son noventa, buena ĝente,

su comer es raramente;

él se topa aḅocado,

en sus bastones rimado.

12 Al cabo ya son cien años,

non conoce ni sus paños;

su hablar non se entiende,

fin que su reflo él rinde.

13 ¿Qué ganimos esta vida

que tan presto es su ida,

pasada con sufrienzas

y otras cośas diversas?

14 ¿Cuál es el bien de el hombre

que se enmente su nombre?:

debe mostrar humanidad

y caminar por la verdad.

He querido acabar mi artículo con este poema en el que queda muy acertadamente expuesta la futilidad y la aparente brevedad de la vida, aunque se llegue a cumplir los cien años, o lo que es lo mismo: que no hay mal que dure esos años.

Pero lo que me interesa subrayar aquí por lo que tiene de vinculación con el tema de mi artículo es que a nuestro autor se le ha hecho más fatigoso su trayecto vital por haber tenido la desgracia de engendrar cuatro hijas –en el poema no se menciona ningún hijo–. Ello le ha obligado a correr azacanado por los años sin permitirse ninguna diversión hasta lograr ver casadas al menos a dos de ellas. Entiendo que de nuevo lo gravoso de tal situación para el pobre padre ha sido conseguir el dinero de las dotes y de los ajuares de sus vástagas.

  1. Conclusión

De los muchos textos que podrían aportarse, me he limitado a aducir aquí algunos de los que me han parecido más significativos por abordar el problema de los noviazgos desde diferentes ópticas y sobre temas tan espinosos como: los abusos de los novios, los engaños de los padres y sus responsabilidades, las dotes como fin último del matrimonio, el rondar a las chicas, etcétera.

Como hemos visto, el asunto de los noviazgos no era una nimiedad y los que se muestran más preocupados por el asunto y los que aportan opiniones más críticas son los padres de familia62, frente a las palabras más bien cínicas y frívolas de los jóvenes. Por supuesto, tampoco salen muy bien paradas las niñas casaderas y las madres.

Para finalizar quiero señalar cuán diferente es el cuadro que nos describen los textos que hemos leído en relación con los noviazgos y lo que al respecto nos decía Michael Molho (1950: 15), si bien es cierto que la mayoría de sus palabras se refieren a lo que él llama «tiempos antiguos». En lo único en lo que encontramos alguna similitud es en la duración del noviazgo, al respecto de lo cual dice:

Durante el largo período de los esponsales, que duraba normalmente un año, a partir del primer cuarto del siglo xix [...] (Molho, 1950:16).

Y también en la persistencia de las diferencias de clase que hemos visto supra, cuando dice (p. 16):

Las buenas costumbres prohibían entonces a las familias llamadas aristocráticas [...] e incluso a las de la clase media, aliarse en matrimonio con las familias del pueblo, aun cuando el prometido fuese un muchacho de buenas maneras y situación desahogada.

Nada nos dice Molho de la presencia constante del novio en la casa de sus futuros suegros, antes al contrario, precisa (Molho, 1950:16):

Hasta hace unos setenta años no comenzó a establecerse la costumbre de que el prometido visitase a su futura una o dos veces por semana,

añadiendo más tarde (p. 18) que los días de visita eran «el martes por la noche, llamado en lenguaje popular “noche de los bobos”, y el sábado».

Nada dice tampoco de la actitud burlona de los jóvenes ni de sus métodos para flirtear con las chicas ni de sus ansias por recibir una buena dote. Sin embargo, Molho tuvo que asistir a los cambios que para bien o para mal trajeron los nuevos tiempos, pero, en la materia que ahora nos ocupa, no los refleja.

Espero haber planteado con mi artículo un tema en el que todavía, como en otros muchos de la historia social sefardí, nos queda a los estudiosos mucha tela que cortar.

  1. Glosario63

aḅocado ‘inclinado’.– acavidarse ‘tener cuidado, ser precavido’.– achaque ‘pretexto, excusa’.– achetar (it. accettare) ‘aceptar’.– acorarse el alma ‘angustiarse’.– acorido ‘angustiado’.– acostar oído ‘prestar atención, escuchar’.– adrezar (fr. adresser) ‘dirigir’.– afalagar ‘consolar’.– afriido ‘afligido’.– aĝilé (tc. acele) ‘prisa’.– agüento ‘aguado, sin sustancia’.– aḥarbado (cfr. DCECH s.v. harbar) ‘golpeado’.– aǰugares ‘ajuares’.– albores: vid. nota 23.– alcuña (esp. alcuña, alcurnia, tc. künye) ‘apellido’.– alora (it. allora) ‘entonces’.– ‘am haareŝ (hb. עם הארץ) ‘ignorante, analfabeto’.– amorośo (cfr. fr. amoureux) ‘enamorado, novio’.– arabiada ‘enfadada, enrabietada’.– aresentado ‘situado, establecido, asentado’.– asabentarse (cfr. esp. sabio) ‘enterarse, informarse’.– ateguentos ‘enojos, disgustos’.– avagareźa (cfr. esp. vagaroso) ‘con lentitud, lentamente’.– avanzar (fr. avancer) ‘enunciar, manifestar’.– aver (hb. אויר avir) ‘aire’; vid. nota 24.– blamables (fr. sing. blâmable) ‘censurables, vituperables’.– boda: vid. nota 52.– caleȷ́a ‘calle, calleja’.– caler (esp.) ‘haber de, tener que’.– camareta (cfr. esp. ant. camareta, ven. camareta ‘stanzetta’) ‘habitación’.– cambiala (tc. kambiyal) ‘letra de cambio’.– canderear (tc. kandır-) ‘convencer, persuadir, seducir’.– carear ‘acarrear, provocar’; carearse ‘mudarse’.– celiḅatario (fr. célibataire) ‘soltero’.– colaneadera (cfr. tc. kolay ‘fácil’, kolayla- ‘facilitar’ y kolaylan- ‘hacer fácil’) ‘aliviadora, sostén, soporte’.– comando (it. comando) ‘mandato; comanda; orden’.– condurias (tc. sing. kundura) ‘zapatos’.– confiente (fr. confiante) ‘confiada’.– consegüenza (it. conseguenza) ‘consecuencia’.– contado: parte de la dote que se paga en dinero.– coredor ‘casamentero, intermediario’.– demuaśel (fr. demoiselle) ‘señorita’.– desfiar (cfr. fr. défier) ‘desafiar’.– despartir ‘repartir, distribuir’.– deśvanecer los meollos: vid. nota 6.– diśgustantes (cfr. fr. sing. dégoûtant) ‘asqueroso, repugnante’.– dober (cfr. it. dovere) ‘deber, obligación’.– dunque (it. dunque) ‘así pues’.– echaduras ‘alusiones, insinuaciones malevolentes’; vid. nota 45.– eĉ., eĉetre (cfr. it. eccetera) ‘etcétera’.– elgüengos ‘largos, prolongados, luengos’.– empréstimo (prt. empréstimo) ‘préstamo’.– emṿeźar ‘avezar(se), aprender’.– enfastiar ‘fastidiar, molestar, hartar’.– engaȷ́ar (fr. engager) ‘comprometer’.– enteramente ‘completamente’.– entremetedor ‘mediador’.– enramaduras: vid. nota 46.– enramarse en las arañas: vid. nota 33.– ensuña ‘rencor, resentimiento, ensañamiemto’.– escapar ‘acabar’.– escopo (it. scopo) ‘objetivo, intención’.– esfuegros ‘suegros’.– espiegar (it. spiegare) ‘explicar’.– esvachearse (tc. vazgeç-) ‘renunciar, desistir’.– exitar ‘excitar, animar’.– fatos (it. sing. fatto) ‘hechos, acontecimientos’.– felec (tc. felek) ‘destino, hado’; vid. nota 20.– fenelico (cfr. tc. fener ‘linterna, fanal’) ‘lamparilla, farolillo’.– fešuguedad ‘pesadez, insistencia que incomoda y enerva’.– fin que ‘hasta que’.– franca: a la ––– ‘a la occidental’.– güerquećico (esp. huerco) ‘diablillo’.– grušes (tc. sing. guruş, kuruş) ‘piastras, monedas de poco valor’.– gueźerá (hb. גזרה ‘decreto’) ‘desastre, calamidad, castigo divino’.– haareŝ: vid ‘am.– ḥaćina (cfr. DCECH s.v. hacino; cfr. ár. y esp. ant. ‘triste, afligido’) ‘enferma’.– ḥaćinura ‘enfermedad’.– ḥaraganud (cfr. esp. haragán + hb. -ut desinencia de nombres abstractos) ‘haraganería, holgazanería, vaguería.– ḥarif (hb. חריף) ‘listo, agudo, espabilado’.– heg ‘he aquí’.– helás (fr. hélas) ¡ay!.– heśitante (fr. hésitante) ‘vacilante, dudosa, dubitativa’.– ḥešván (hb. חשון): segundo mes del calendario judío (octubre-noviembre).– ḥolera (ngr. χολέρα) ‘cólera’.– iñoranza ‘ignorancia’.– inserado (cfr. fr. insérer) ‘insertado’.– Iskendería (tc. Iskenderiye) ‘Alejandría’.– ĵornal (it. giornale) ‘periódico’.– kabod (hb. כבוד) ‘honor, honra’.– laboro (it. lavoro) ‘labor, trabajo’.– laćeria ‘esfuerzo, cansancio, trabajo agotador’.– landra ‘peste, landre’.– letra (fr. lettre) ‘carta’.– luayala (fr. loyale) ‘leal, legal’.– lungo (it. lungo) ‘largo’.– luso (it. lusso) ‘lujo, opulencia’.– ma (it. ma, tc. ama) ‘pero’.– malgrado (it. malgrado, fr. malgré) ‘a pesar de’.– masca (cfr. fr. masque) ‘máscara’.– maźón (hb. מזון) ‘alimento, sustento’.– meldar ‘leer’.– meśura (fr. mesure, it. misura): a ––– ‘a medida’.– metalic (tc. metalik, metelik): moneda de cobre de 10 parás.– meterse a (cfr. fr. se mettre à) ‘ponerse a, empezar a’.– meźos (it. sing. mezzo) ‘medios’.– miśmo (fr. même) tb. ‘incluso’.– namorišcos ‘enamoramientos’.– ñudico ‘nudito’.– ofensado (cfr. fr. offensé) ‘ofendido’.– pade cuatro: vid. nota 53.– parás (tc. sing. para) ‘moneda(s), dinero’.– parientes (fr. parents) ‘padres’.– pasar: vid. nota 28;––– la hora: vid. nota 4.– penserio (cfr. it. pensiero) ‘pensamiento’.– plazado (cfr. fr. placé) ‘colocado’.– percurar(se) ‘procurar(se), conseguir’.– portanto (cfr. fr. pourtant) ‘no obstante, sin embargo’.– prevaler (cfr. fr. prévaloir) ‘ser indispensable, ser importante’.– primos (it. sing. primo) ‘primeros’.– prometa ‘promesa’.– questión (fr. question) ‘cuestión, asunto’.– rebellada (cfr. DCECH s.v. bélico) ‘rebeldía, enfado, gesto agrio’.– reflo ‘respiración, aliento’; vid. rendir.– refuśar (fr. refuser) ‘rechazar, rehusar’.– reǵir ‘hacer, comportarse’.– regretable (fr. regrettable) ‘lamentable, deplorable’.– rellevar (cfr. fr. relever) ‘soportar, sobrellevar’.– rendir (cfr. fr. rendre): ––– un servicio ‘hacer un favor’; ––– el reflo ‘morirse, exhalar el último aliento’; rendirse (cfr. fr. se rendre) ‘convertirse’.– reportar (cfr. fr. reporter) ‘dar cuenta, trasladar’.– reušida (cfr. it. riuscita, fr. réussite) ‘éxito’.– reušir (cfr. fr. réussir, it. riuscire) ‘tener éxito, lograr, conseguir’.– rimado ‘apoyado’.– rinchos (cfr. it. sing. riccio) ‘bucles, rizos’.– riźá (tc. rida ‘echarpe’) ‘pañuelo’.– robinador (cfr. it. rovina ‘ruina’) ‘ruinoso’.– ronĵar, ronȷ́ar ‘tirar, arrojar’.– šacá (tc. şaka) ‘broma, juego, burla’.– šalvaricos (tc. sing. şalvar: tipo de pantalones muy anchos, de color rojo o azul) ‘bombachitos’.– sanglotar (fr. sangloter) ‘sollozar, suspirar’.– seḅeḅ (tc. sebep) ‘causa, motivo, razón’.– ségüito (it. seguito): en ––– ‘a continuación; a consecuencia’.– sémpliĉe (it. semplice) ‘simple, fácil, sencillo’.– sempliĉemente ‘simplemente’.– sermé (tc. sermaye ‘capital’) ‘dote’.– siñorina (it. signorina) ‘señorita’.– sochetá (it. societa) ‘sociedad’.– soldo (it. soldo) ‘moneda, dinero’.– solombra ‘sombra’.– soto (it. sotto) ‘bajo’.– sufrienza ‘sufrimiento’.– suhetos (fr. sing. souhait): haćer ––– ‘desear éxito’.– suȷ́eto (fr. sujet) ‘tema, asunto’.– sulevantar (cfr. fr. soulever) ‘suscitar, provocar’.– súpitamente ‘repentinamente’.– supitaño (cfr. prt. supetão) ‘repentino’.– survellenza (fr. surveillance) ‘vigilancia, supervisión’.– suvenir (fr. souvenir) ‘recuerdo’.– terná, terné ‘tendrá, tendré’.– todo: del ––– (cfr. fr. du tout en frases negativas) ‘nada, en absoluto’.– trabarse ‘abstenerse, contenerse’.– traśyeramiento ‘perversión, mal camino’.– traśyerar ‘llevar por el mal camino’.– trubiar ‘turbar, enturbiar’.– tualeta (fr. toilette) ‘vestimenta, indumentaria’.– turar ‘durar’.– umá (hb. אומה) ‘pueblo, nación’.– vantarse (cfr. fr. se vanter) ‘presumir, jactarse’.– y tb. ‘también’.– yacá (tc. yaka) ‘cuello duro’.– yelec (tc. yelek) ‘chaleco’.– yelar ‘helar’.– yelor ‘frío, helor’.– yerarse ‘confundirse, equivocarse, herrar’.– yerme: vid. nota 41.– źejut (hb. זכות ‘mérito, merecimiento’) ‘prestigio’.

  1. Bibliografía

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Wyers, M. D. (2012), “Wicked” Istanbul: The regulation of Prostitution in the Early Turkish Republic. Istanbul: Libra Kitap.

Notas

1. Me refiero al Tercer Congreso Internacional de la Sociedad de Estudios Sefardíes celebrado en Gerona los días 16-19 de junio de 2013.

2. Para la transcripción a letras latinas de los textos en grafía aljamiada me atengo al sistema adoptado por la revista Sefarad y expuesto con detalle por Hassán, 1978. Cabe señalar que en todos los casos son mías la puntuación y la versalización, así como la indicación del número de estrofa en los textos poéticos.

3. Es decir, por diversión, para pasar el rato; las comillas están en el original.

4. Es decir, se va, rompe el compromiso.

5. El instalarse en casa de los futuros suegros y las roturas injustificadas de los compromisos matrimoniales también lo encontramos mencionado en, por ejemplo, las coplas tituladas Los tiempos modernos y Los casamientos por interés, que figuran en Romero, 2008: núms. 7 y 21, respectivamente, y en el poema Novios renuentes publicado en Romero, 2009: núm. 31. Sobre asuntos similares a los aquí tratados véase también el artículo de Romero, 2010.

6. Nehama, 1977: s.v. desvanesér, recoge la expresión que explica «rompre la cervelle par un babardage incessant»; pero prefiero aquí la explicación que anota en la misma entrada tras desvanesérse: «dire des bêtises», es decir, después de haber llenado de tonterías la cabeza de sus oyentes.

7. De cómo el vestido a la moderna deslumbraba a padres y chicas jóvenes lo podemos ver en la copla antes mencionada de Los casamientos por interés y también en el poema El mal de las niñas publicado en Romero, 2009: núm. 19.

8. Escrito מארוס maros.

9. Las comillas en el texto original.

10. Las siglas del nombre siempre en letras latinas.

11. Es decir, que tiene trabajo.

12. Las de las manos y las de los pies; es decir, lo que en español diríamos «con uñas y dientes».

13. Nehama, 1977: s.v. báyle, recoge una expresión paralela que explica «entrer dans la danse, s’engager dans une entreprise trouble, dispendieuse».

14. Es decir, Dios proveerá, ya se encontrará alguna solución.

15. Pueden verse también al respecto los poemas Los jóvenes pretenciosos, Novios renuentes, Planes de boda, El mal de las dotes, El novio exigente y Respuesta al novio exigente en Romero, 2009: núms. 12, 31-32 y 35-37, respectivamente, y también la copla Modas a la franca en Romero, 2008: núm. 28b.

16. Se refiere al tiempo en que acordaron celebrar la boda.

17. Lo de dejar solos a la futura pareja también lo encontramos en el citado poema Novios renuentes aludido en notas 5 y 15 supra.

18. Escrito דור באקאלום palabras que cabe poner en relación con tc. dur ‘alto, frena’ y tc. dur- ‘esperar, pararse’ más tc. bakalım ‘vamos a ver’, para decir algo así como «¡Ea! (o espera), vamos a ver», exigiendo explicaciones, ya que según Nehama, 1977: s.v. bakalúm, entre los significados de tal expresión está también el de la amenaza.

19. Escrito ש׳יקייר סוייה דוש׳מידי, palabras que creo que hay que poner en relación con tc. șeker ‘azúcar’ y suya düș- ‘caer al agua’, para decir algo así como que al novio se le han acabado las dulzuras y las amabilidades.

20. Expresión que Nehama, 1977: s.v. felék, explica como «appauvri par le mauvais sort, atteint par le malheur».

21. Habríamos esperado, bien escondidas, bien el artículo en singular.

22. Se está refiriendo al padre.

23. Es decir, está consumida de impaciencia y de preocupación, está angustiada; vid. la amplia explicación de Nehama, 1977: s.v. alvóres.

24. Es decir, todo se hace público.

25. Es decir, que tenga un empleo.

26. Escrito: לפוס גמלה שכנה lefús gamlá šijná, errada grafía, que corrijo, del proverbio arameo לפום גמלא שיחנא (cfr. TB-Ketuḅot 67a y TB-Sotá 13b) ’Según el camello, la albarda’.

27. Es decir: no le mandó a una escuela.

28. Es decir: no es suficiente o no importa; aunque quizá también se refiera a que no está de moda, no se estila.

29. Es decir: que no viva a consta de otro.

30. El autor deja sin completar el salmo citado, sustituyendo el final por puntos suspensivos y dando por supuesto que todo el mundo sabe cómo acaba. Esto es lo que dice el salmo: יגיע כפיך כי תאכל אשריך וטוב לך yeguía‘ kapeja ki tojel asreja vetob laj lit. «El esfuerzo de tus palmas cuando comas, dichoso tú y bien para ti».

31. Nehama, 1977: s.v. vída, recoge la expresión «no mos está dešando vidas de bivir», que explica como referido a las quejas constantes de un familiar con el que se vive; es decir, que tal quejumbroso, en este caso la hija, le haría la vida insoportable.

32. Es decir, a los primeros, a los novios.

33. Es decir, hace una acusación basándose en fútiles argumentos. Sobre esta expresión vid. la amplia explicación de Nehama, 1977: s.v. aráña.

34. Es decir, sin dote, o como se dice en español: con una mano delante y otra detrás, con lo puesto; vid. al respecto Nehama, 1977: s.v. kamíza.

35. Es decir, mil veces por minuto, constantemente.

36. Puede verse el texto completo en Romero, 2009: núm. 19: 212-214: 213-214. Vid. supra nota 7.

37. Se refiere a los judíos.

38. En el versículo del libro bíblico de Ester citado quien se va a su casa ‘triste y cubierta la cabeza’ es el malvado Amán.

39. Se refiere al periódico que se publicaba en Salónica en francés con el título Journal de Salonique; vid., por ejemplo, Guillon, 2005.

40. Los puntos suspensivos y las comillas abiertas al principio están en el texto original.

41. La palabra, que significa ‘yermo, lugar deshabitado’, se usa habitualmente como parte de la expresión «yerme y guśano» para referirse a lo que queda del ser humano tras ser enterrado; podemos entenderlo aquí como ‘podredumbre, putrefacción’.

42. En mi comunicación «Mlle Elisa: Una periodista ...» (2012) presentada en el Congreso Internacional «Mujeres sefardíes lectoras y escritoras (siglos xix-xxi)», organizado por Paloma Díaz-Mas y celebrado los días 18-19 de octubre de 2012 en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC, Madrid,): en vías de publicación; vid. Bibliografía.

43. El número está borroso.

44. Es decir, por una bagatela, por una nadería.

45. Vid. Nehama, 1977: s.v. ečadúra, quien lo explica como insinuaciones y alusiones echando en cara promesas no cumplidas; esta palabra y la siguiente entre comillas en el original.

46. Es decir, discusiones por cualquier cosa que molesta, constantes rencillas; vid. Nehama, 1977: s.v. enramadúra.

47. Es decir, para casarlas.

48. Cfr. al respecto Bali, 2008 y Wyers, 2012, así como el artículo de Hadar, 2010, referencia que debo a la amabilidad de mi colega Tamar Alexander.

49. Sobre las ansias femeninas de mantener un estatus de dinero y bonanza se habla también en el poema Las pretensiones de las ricas publicado en Romero, 2009: núm. 30.

50. Es decir, rubia, de color del oro; no hace falta decir que en esas latitudes mediterráneas las rubias siempre han tenido más aceptación que las morenas.

51. Entiendo que se está refiriendo a un equipo deportivo de los que montan en bicicleta.

52. En judeoespañol boda es una fiesta en general y no sólo las de casamientos.

53. Se refiere a un cierto tipo de baile, en fr. pas de quatre.

54. Es decir: a mí qué me importa, todo es igual.

55. Vid. al respecto Romero, 1987, 1990a, 1990b, 2001.

56. Así escrito, pero no entiendo bien el significado del verso. No deja de asombrar la temprana edad de escolarización del niño.

57. Quizá quiera decir que se deja engatusar por la primera que pasa; vid. lo que dice Nehama, 1977: s.v. rána.

58. Es decir, se pasa el día corriendo de un sitio para otro, ocupado en múltiples trabajos para mantener a las cuatro hijas que se mencionan en el verso siguiente.

59. Es decir, como la lagartija.

60. Es decir, tarda diez años en conseguir casar a la segunda hija.

61. Como se ve y según la moda de los tiempos, los nombres de los nietos y nietas están occidentalizados.

62. De sus quejas por las nuevas situaciones en la materia puede verse también el poema Las angustias de un padre en Romero, 2009: núm. 29.

63. Para indicar las lenguas uso las siguientes abreviaturas: ár. àrabe, esp. español, fr. francés, hb. hebreo, it. italiano, prt. portugués, tc. turco, ven. veneciano.

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